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Antigüedades del siglo 21

8 dic

En la entrada del mercado algunos se anticipan a la venta y ofrecen cantidad de productos. Este señor vendía animales disecados en su carrito: varias gallinas y un perro volvían a casa tras no ser adquiridos por las mareas de clientes que cada fin de semana frecuentan el lugar buscando excentricidades

No comparto ni un poco ese gusto por la estética roja y dorada, con algunos trazos amarillos, que fomenta la China iconográfica en los extranjeros. Aunque he visto un par de buenos usos de esos muebles enormes, cuadrados y rebozantes de color en algunas salas de conocidos, no me siento tan confidente de incorporar una de estas piezas a mi casa.

Siendo más pragmática, decanto por las cosas más sencillas, con colores fuertes pero sin brillo de laca, y antes que antigüedades prefiero cosas de mi tiempo. Quizás porque sí creo en las energías de los objetos, o tal vez porque no creo en las historias de muebles que superan siglos sin ataques de termitas. Pero si algo tiene a favor la China contemporánea entre los turistas y expatriados es su antigüedad, y no son pocos quiénes intentan llevar a casa un poco de esos 5 mil años de historia y existencia.

El mercado de Panjiayuan es uno de los sitios para hacerse con antigüedades chinas en Pekín. Funciona a toda máquina los fines de semana. De lunes a viernes sólo abren algunas secciones. Desde las tempranas 5 de la mañana, vendedores de todos lugares abren las puertas de sus puestos o extienden sus mercancías en los pasillos del galpón al aire libre que es precedido por una cola de carros que va a dar hasta la avenida a poco más de un kilómetro de distancia.

En las afueras comienza la vendimia de jade, piedras, artículos de madera. Los hombres jugando mahjong en la acera le imprimen un ambiente aún más local a la escena.

Algunos vendedores exponen sus mercancías en el piso, en tanto que otros ocupan los casi 3 mil puestos registrados en las 5 hectáreas de feria

El mercado apenas cuenta 16 años de actividad en el sitio. Abarca unas 5 hectáreas y alberga a centenares de vendedores distribuidos por etapas en función de su mercaduría. Libros, cuadros, muebles, joyería, accesorios, artículos de masaje, espadas, cuchillos, recipientes de comida y cocina, jarrones e infinidad de pinturas están a la venta por precios no marcados que subirán o bajarán dependiendo de la fluidez de su mandarín y de su experiencia en negociación a la chinesa.

Réplicas idénticas de cuánta pintura famosa conoce o desconoce son ofertadas a precios módicos echando por tierra cualquier esperanza de antiquismo en el lado pictórico. Sin embargo, algunos esperanzados no tienen dudas sobre las fechas de aniversario de escaparates gigantescos o los clásicos jarrones esmaltados. Para otros todo es una mera farsa pero nadie tiene por qué saberlo en casa cuando le explican a la visita sobre el uso que la Dinastía Qing le daba a su armario.

El concepto de “pieza única” es desconocido entre los expositores. Por lo que rara vez encontrará algo que no se repita de un puesto a otro con frecuencia de producción frenética y masiva.

Pero hasta el más ávido y ateo puede errar en su tino al momento de distinguir falsificaciones sobre piezas artesanales. Un par de años atrás un amigo se aventuró a comprar unas pinturas en el Panjiayuan movido por el completo convencimiento de estar adquiriendo unos cuadros simpáticos y baratos, sin aspiraciones a poseer artículos de coleccionista.

Al iniciar su proceso de mudanza debió pasar una inspección oficial para garantizar que entre sus cosas no hubiese ningún objeto de valor histórico o patrimonial. Para su sorpresa, los menospreciados artes, de 30 dólares cada uno, no pasaron la revisión y debieron permanecer en el país por su valía. Será que, cuando de promesas de antigüedades se trata, toca desconfiar hasta de la autenticidad de las falsificaciones?

Quién repara en las escobas?

23 nov

Con la inminencia del otoño, las hojas de los árboles van formando alfombras color naranja que los barrenderos deben enfrentar a diario. Las armas? paciencia, un balde cuadrado de metal y una escoba de paja, no parece tarea sencilla, pero es una de las postales cotidianas de la capital de la segunda economía del mundo

Todo el mundo tiene una en casa, nadie se fija con mucho detalle desde cuándo o cada cuánto tiempo la cambia: sus cerdas estragan y llega una nueva. Nadie presta mucha atención a si es blanca, azul o fucsia, tampoco a si el mango es de madera, metal o plástico. Aunque existan unos modelos más estilizados que otros, el diseño de escobas no avanza a la velocidad que otros rubros del mercado como los cepillos para limpiar la silla del sanitario, que fuera de su uso tradicional han absorbido un componente decorativo debido a sus posición estratégica en el baño.

Pero no la escoba. La escoba siempre está en el patio, cuarto de limpieza o detrás de alguna cosa. Yo nunca reparé en una escoba antes. Puedo recordar el color de mi cama, el tamaño de la olla de arroz o la marca de licuadora que usaba, pero ni idea de cómo era mi escoba en mi última residencia en Caracas.

La primera vez que hice asunto sobre el simple acto de comprar una escoba fue cuando llegué a Pekín. Desde entonces la escoba se volvió tema. Compré mis primeros utensilios de limpieza en un Walmart. Aunque no sabía decir más de “hola” no era difícil escoger esponjas, mopas, baldes y otros menesteres de la vida cotidiana. El asunto se enredaba, sí, al momento de buscar detergentes y otros químicos limpiadores. El diseño gráfico ha hecho mucho en este campo y gracias a los dibujos la selección no es tan dura. Si bien que entre pulidor de piso de madera y limpiador de piso de madera el asunto hasta con dibujos se vuelve cuesta arriba.

Cuando llegué al estante de las escobas la compra perdió su ágil ritmo. No había escoba para barrer cuyo mango midiera más de un metro de altura. Los mangos adaptables que se vendían por separado tenían la misma característica: eran liliputienses. No soy alta pero todavía con mi metro y 59 no hay manera cómoda de barrer una sala con la carente herramienta. Habría escasez, pensé. No es un pensamiento errado, puesto que vengo de un país donde lo único que no escasea es la delincuencia.

Fui a otro supermercado y me topé con lo mismo: más mini escobas. Por qué alguien diseñaría escobas tan pequeñas en cantidades industriales? El mismo resultado tienda tras tienda. Después de ver a la señora que limpiaba en casa pulir el piso manualmente, calculé que el asunto de la limpieza era todo menos un oficio sin sufrimiento.

Meses después, husmeando en el abasto del condominio hallé un milagro: una escoba con mango de metro y medio. Emocionada la compré y llevé a casa en seguida. Mi emoción no fue compartida por la ayi (tía, según traducción literal del mandarín, y forma de llamar a la señora que hace limpieza en casa o cuida de los niños). Me miró con cara de “compraste una escoba nueva, y?”.

A las dos semanas la vi de nuevo barriendo con la mini escoba. La grande pasó a ser objeto de museo escondida detrás de la lavadora. No es de sorprender, después de todo, quiénes limpian las calles lo hacen con escobas de paja o armados con unas enormes pinzas que usan para tomar los papeles y las colillas de cigarro que van depositando en un balde de metal que llevan junto.

Con el tiempo noté que sí existen en el mercado escobas largas, pero tan cargadas de diseño y color que su valor monetario aumenta hasta 10 veces más. Estas sutilezas tornan la elección de una escoba en una ciencia inexacta que, para ser básicos, se decanta entre tener “la” escoba o “esa” aspirante a escoba. Opté por comprar una aspiradora.

La belleza distrae

8 nov

La distribución de los colores, siempre blanco y azul, es la única diferencia del uniforme entre escuela y escuela. Por lo general deben usar la pañoleta roja al cuello que simboliza la bandera nacional (Tomada del blog I love China)

Tomo mis clases de mandarín en una escuela que renta el primer piso de un colegio básico de Pekín. Nunca reparo en el amplio y poco llamativo uniforme que chicos y chicas usan a diario. Cada institución tiene una distribución distinta, pero en síntesis todos llevan monos y chaquetas deportivas blancas y azules, apimentados por un pañuelo rojo al cuello, muy parecido al que acostumbramos a ver en los uniformes de los niños exploradores.

Lejos está de el cliché uniforme escolar asiático con faldas que se acortan al tiempo que las medias se alargan, pero para alguien que salió de la escuela hace unos 15 años, las limitaciones que los uniformes escolares imponen a la banalidad personal no son más un tema de discusión.

Sin embargo, durante una conversación informal con mi profesora -una chica de 28 años, desde siempre ligada a la educación- surgió la pregunta:

- Por qué son tan feos los uniformes de los niños en China?

Ella sonrió y respondió que el principio rector es que “la belleza distrae”. Explicó que si todos llevan los mismos pantalones anchos deportivos que imposibilitan cualquier asomo de curvas (para las chicas) y alguna convención fashion del momento (para los chicos), acompañados por los enormes chaquetones que estandarizan a todo mundo, nadie mira hacia los lados y el conocimiento será lo único que capte la atención de los estudiantes durante su vida académica básica.

Contó que algunos muchachos insatisfechos con la uniformidad del uniforme, intentan modificaciones sutiles que no sean percibidas durante la revisión diaria de sus maestras.

La prohibición de accesorios, maquillaje y cabello pomposo también forma parte del estándar. Así las niñas deben evitar otro adorno que no sea su bolso de libros y, si fuese el caso, unos lentes de aumento, y los niños deben llevar la melena cortada a la medida. La medida puede ser no más de dos centímetros de alto, y según la experiencia de esta profesora -que conoce ambos lados de la moneda-, cuenta aquello de ni tan calvo ni con dos pelucas. Relató un incidente de unos meses atrás cuando unos adolescentes intentaron una suerte de rebelión: afeitaron y dejaron sus cabezas al descubierto. Al día siguiente miraron con un dejo de soberbia a su maestra y le preguntaron si el cabello estaba corto lo suficiente. La escuela castigó el atrevimiento enviándolos de vuelta a casa e impidiéndoles atender clases hasta tanto la calva no desapareciera.

Mientras ella hablaba de las inconformidades que en algunas ocasiones los chicos pasan en el sistema educativo básico, venía a mi mente una animación que se hizo popular este año como parte de la secuencia del Diario de Kuang Kuang, personaje creado por un artista local residenciado en Hong Kong, que explora – de forma cruenta- los matices de la sociedad China.

En el capítulo “Volando la escuela”, Kuang Kuang decide que tuvo suficiente de sus profesores y trama un plan para explotar su colegio. A continuación la versión subtitulada del video.

Crisis de identidad

31 oct

No tengo recuerdo alguno de fiesta de Halloween en mi infancia. Mi impresión es que la Venezuela de entonces no comulgaba mucho con la fiesta de las calabazas -que para nosotros fueron introducidas como auyamas. Así que a diferencia de cuanto ocurre en estos días, en mi época, las brujas y diablos sólo desandaban en Carnaval.

En la China contemporánea, el Halloween invade cada esquina de Beijing, en especial las esquinas de las caudalosas zonas de bares. Calabazas más o menos, los circuitos nocturnos de la capital se arman con una programación de fin de semana para atraer a vampiros, brujas, diablos y otras fantasías.

Siguiendo la invitación de un par de amigas, opté por ir a la que se autopromocionó como la mejor fiesta de fantasías del año en Pekín. La Yen Fetish Party anunciaba tanta asistencia que las entradas debían comprarse en pre-venta. Como la improvisación venezolana es un caso digno de estudio, llamé para preguntar si podía comprar un tique en la puerta del local. La respuesta no pudo ser más bizarra: sobre la fecha sólo era posible obtener los pases en una taquilla improvisada cerca del local a las 9 de la noche o a la 1 de la mañana. Por qué? supongo que siendo Halloween, los organizadores decidieron disfrazarse de burócratas.

El lugar escogido para el evento fue una galería que forma parte de uno de los complejos más conocidos del distrito de arte 798. La antigua factoría, casi siempre transitada durante el día, se volvió el viernes en la noche un punto de encuentro para enfermeras, sirenas, brujas, policías, vampiros, mariposas, hadas, monstruos y algunos menos elaborados que apenas se colocaron encima unas batas de baño.

La consigna parecía ser “larga vida al glitter“. Una vez más la idiosincrasia criolla se impuso y usé mi precario mandarín para conseguir una entrada vía express, es decir, saltándome la cola. Tras la maravillosa hazaña -que también me evitó morir de congelamiento gracias a los 8 grados de la noche- entramos a la fiesta.

Imaginen un galpón con techos altos y paredes carentes de otro adorno que no fuese pintura blanca. Luces para encandilar y un DJ con monotonía musical. Tridentes sin dueño rodaban por el suelo y hacerse con una cerveza caliente requería grandes cuotas de esfuerzo.

Mi único disfraz era un par de orejitas de fieltro que una amiga me llevó, de forma solidaria, para que no desentonara tanto en la parranda concurrida por la Mujer Maravilla, Hannibal Lecter, algunos zombies, mucamas francesas y Blancanieves.

Mientras pululaba entre pelucas, cuero sintético, coloretes, sombrero y escarcha, un chino se acercó a preguntarme, en perfecto inglés, de qué eran mis orejas. Obvio, le dije que no tenía idea, a lo cual él, tajante y con rostro transfigurado, respondió:

- My dear, I think you suffer an identity crisis. 

El tricolor en el metro de Pekín

28 oct

Un francés que pasó algún tiempo en la Venezuela contemporánea solía decir que las únicas cosas que allí funcionaban eran El Chigüire Bipolar y el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles. La afirmación sonará radical o ajustada al caso dependiendo del lado en el cual cada ciudadano se sitúe. Sea cual fuere el caso, no veo nada mal en que el humor y la música continúen funcionando en un país donde hace rato cuesta trabajo ver avances.

Si bien el Chigüire sólo puede ser comprendido por lectores que hayan vivido las vicisitudes de Venezuela debido a que su humor exige contexto criollo, El Sistema quizás haya recibido más ovaciones internacionales que locales. Hasta probable sea que muchos venezolanos nos enteráramos que algo así existía luego de que filmaran y exhibieran aquél documental “Tocar y Luchar” donde reconocidos músicos europeos expresaban su admiración por el proyecto que que ya tiene más de tres décadas formando niños y adolescentes en las lides musicales.

La Orquesta Juvenil de Caracas ofreció un concierto en Pekín la semana pasada. Casi doscientos músicos que no superaban los 25 años -con la excepción del director que, a sus 28, uno termina tildando de “mayor“- se presentaron en una de las salas del Centro Nacional para las Artes, principal recinto de la ciudad para la música y el teatro.

Familiarizados o no con la música clásica, las ovaciones de los asistentes fueron creciendo con la noche, lo que comenzó con un aplauso de bienvenida se fue transformando hasta virar un estallido en el bis.

Detalles técnicos? no puedo darlos, mis nulos conocimientos en el tema no me lo permiten, pero puedo asegurar que los espectadores parecían deleitados, y cómo no? si la música tiene esa magia y poder de mover los ánimos, más si es interpretada de forma regia y por jóvenes que a sus cortas edades ya suman kilos de partituras.

Para el bis los chicos cubrieron sus trajes y vestidos con la chaqueta que emula el tricolor nacional. Dejaron a Tchaivkosky e interpretaron el choro brasileño Tico-Tico no Fubá. Bailaron los instrumentos a son del Mambo. Llenaron la sala de gritos, silbidos y ovaciones. Algunos no podían parar de batir las palmas. En medio de la algarabía, los músicos ofrecieron sus chaquetas tricolores como regalos de recuerdo para los asistentes, quiénes, entusiasmados, corrieron a hacerse con su souvenir. 

Y siendo una noche del incipiente invierno pequinés, algunos desfilaron su presente recién ganado de inmediato. Podrá quedar como otra hazaña anecdótica de El Sistema: hacer a la tricolor venezolana pulular por la línea 1 del metro de Pekín.

Trucos para un negocio próspero

19 oct

San Antonio de cabeza para conseguir marido, evitar gatos negros y con ellos la mala suerte, cartera de color rojo para atraer más dinero, ir a la peluquería en luna creciente para que la melena no se paralice, nunca abrir un paraguas dentro de casa so pena de morir soltera, somos un pueblo lleno de supersticiones.

Rituales más, rituales menos; creemos en cuánta cosa nos ofrecen o insinúan en pro de la buena suerte, y aunque no seamos fervientes devotos, seguimos las consejas porque “de que vuelan, vuelan”. Los dueños de negocios -o para hacernos más acorde con los nuevos tiempos, los microempresarios- son un gremio con particular tradición mística, y para dar fe de mis palabras están esas enormes calabazas que decoran decenas de restaurantes, abastos o tiendas de conveniencia. Están enormes porque se supone que adentro conservan todas las malas energías o vibras que, en un país como Venezuela, no son pocas. Puede tener un trasfondo psicológico si consideramos que estoy hablando del país que suma una inflación galopante e índices de violencia incontenibles, entonces si nada funciona, qué más queda que encomendarse a las ánimas o esperar ayuda de las calabazas?

Psicoterapia aparte, en China parece que se saltaron el paso de la calabaza y adquirieron una estrategia más novedosa. “Abra una virgen para la buena suerte en los negocios” ofrecía una tarjeta con fotos de dos chicas que, en ropa interior, intentaban sus mejores ojos de gato con botas como -al parecer- infalible arma seductora.

La tarjeta -como con frecuencia ocurre con las promociones del género- entró por la rendija de la puerta de Wenzhou, en la provincia sureña de Zhejiang.

El asunto no iba de “abrir” una réplica de virgen católica, sino de ir a por una de carne y hueso. El anuncio, casi en un tono de aquellas publicidades del género “Llame ya, satisfacción garantizada”, sellaba la oferta con un teléfono disponible 24 horas al día.

Es una cosa común ver en cualquier lugar estas business cards de chicas que, bajo diferentes premisas, ofrecen similares arreglos, pero quizás por ser Wenzhou una ciudad cuyos habitantes tienen fama de emprendedores y con un estimado de 400 mil microempresarios, las promesas de buena suerte en los negocios sean un interesante giro publicitario, sobre todo por estos días cuando el lugar sólo figura en los titulares de noticias gracias a una crisis crediticia que pica y se extiende.

Perro: término mascota o bien cocido?

11 oct Caricatura que ilustró un artículo de opinión sobre el debate que ha generado el intento de sacar la carne de perro del menú. Publicado en el China Daily en abril de este año (http://www.chinadaily.com.cn/usa/opinion/2011-04/25/content_12385778.htm)

Caricatura que ilustró un artículo de opinión sobre el debate que ha generado el intento de sacar la carne de perro del menú. Publicado en el China Daily en abril de este año (http://www.chinadaily.com.cn/usa/opinion/2011-04/25/content_12385778.htm)

Dice la leyenda que durante el siglo XIV, un rebelde llamado Hu Dahai guiaba tropas para enfrentar a la regente Dinastía Yuan. Hu consiguió puestos de control en la norteña provincia de Zhejiang, y cuentan que una vez posicionado en la municipalidad de Jinhua, el hombre ordenó dar muerte a todos los perros del lugar puesto que cada vez que sus hombres intentaban el ataque a la región, los ladridos delataban la presencia enemiga. Los soldados engulleron la carne y con la bizarra venganza comenzó una tradición.

Cada año el festival de carne de perro de Jinhua congrega a miles de comensales en el distrito de Wucheng, en la municipalidad de Jinhua. La prensa local sostiene que, incluso, en los últimos años los perros son llevados vivos al recinto y matados en directo para garantizar la frescura y condiciones higiénicas de su carne. De esta forma los dueños barren con la racha negativa en ventas que les propinó el rumor de que los perros morían envenenados. Los reportes también dan cuenta de que, en promedio, unos 5 mil canes eran sacrificados en el popular evento. El festival debía realizarse en octubre de este año, pero una campaña en las redes sociales del país movilizó a la municipalidad a ordenar su suspensión.

Tengo perro y de hecho está durmiendo en mi silla mientras escribo, pero a diario como carne, pollo y devoro cuanta cosa sale del mar, y vamos que ninguno de estos muere de risa o de susto. Aclarado el punto de que mi mascota de siempre fue un guau-guau y no una vaca, cuento que leí esta historia hace unos días en la prensa y me impresionó, pero no por aquél giro de chinos-malvados-come-mejores-amigos-del-hombre, sino por la posibilidad de que una campaña virtual pudiera echar por tierra una tradición culinaria de seis siglos, lo cual habla de la capacidad y velocidad del cambio cultural. No es cualquier cosa.

Todo comenzó con algún comentario en un microblog, plataforma de similares características a nuestro Twitter. Para entender la rapidez y expansión del mensaje pro-dog vale aclarar que la red cuenta con un estimado de 485 millones de internautas en este país. Luego de que algún usuario encendiera la chispa advirtiendo que “los gritos de los perros llegan al cielo” durante la carnicería, fue cuestión de bytes para que el tema copara editoriales, espacios virtuales y la opinión de algunas estrellas de la escena local.

En menos de dos semanas las autoridades de Wucheng anunciaban la suspensión del evento de tres días. Argumentaron que la decisión estaba cimentada en la opinión del público.

Obvio que es la opinión de una parte del público. No todos los locales quieren abandonar la práctica porque la China contemporánea está movilizando a los canes de la cocina al cuarto. El debate ha estado rondando en el país durante los últimos años. Hay quiénes están trabajando para sacar de forma legal a los perros del menú, y cuentan con el creciente número de dueños de perros.

Sí, los chinos han desarrollado durante siglos una relación con los animales harto distinta a la que nuestros estándares aprueban, sin embargo, times are changing, y con una rapidez que pasma, parecen estar ganando la batalla las voces que sostienen que ir a un festival para comer perro nos hace más crueles que almorzar un pato pequinés.

La campaña logró un efecto en la opinión pública, aunque, en lo inmediato, dificulto que cambiara el destino de estos miles de perros que estaban prestos para ser el plato principal del festival.

PD: Supongo que hay curiosidad sobre el aspecto de un mercado de carne de perro, así que por lo visto en una rápida cyber-búsqueda les cuento que no hay mayor diferencia con uno de carne o de pescado. Como yo no me animo a colocar fotos de perros mutilados, rostizados y destripados, les dejo esta opción a quiénes tengan estómago firme y precisen de una explicación más gráfica sobre el proceso de cocción del mejor amigo del hombre.

Y Pekín no fue la excepción…

6 oct

Fue la noticia que sacudió ayer al mundo entero… no podía ser diferente en China. Sin gastar líneas en la historia que se ha contado en cuánto idioma ha sido posible durante estas últimas horas, me limito a dejar algunas fotos de la fachada de la Apple Store de Pekín que inició sus operaciones del día con la mala nueva de la compañía que en décadas años sólo ha llegado a los medios con anuncios trascendentales.

La Apple Store de Pekín ha marcado pauta al liderar en las ventas de la compañía que estableció la nueva etapa de la tecnología. A diario decenas de potenciales clientes llenan los dos pisos del enorme cubo ubicado en uno de los centros comerciales más visitados de la capital. Hoy no ha sido diferente, sólo que los fanáticos del iWorld han venido con flores y velas para homenajear a Jobs

Durante todo el día se mantuvieron personas a las puertas de la tienda, aunque por momentos era difícil diferenciar si había más dolientes que cámaras

La manzana mordida es el sello inconfundible de la marca que creó Jobs, y algún fanático se tomó la molestia de hacer su homenaje lo más acoplado posible. Tan claro está el emblema por estos lares que, según traducciones y reporte del portal zaichina.net, algunos internautas chinos compartían ayer que las tres manzanas que cambiaron la historia fueron la de Eva, la de Newton y la de Jobs

Transitando

4 oct

Puede llamarlo una consideración tonta, pero en cada esquina aparecen los carros estacionados medio que entre el espacio, medio que entre la vía, lo cual -obvio- obstruye el tránsito

La última vez que intenté aprobar el examen teórico para obtener la validación de mi licencia de conducir en China salí desmoralizada porque me faltaron tres puntos de concretar mi misión. Es imposible para mi recordar en dónde debo colocar el torniquete a un hipotético herido que esté desangrando o -ríanse si quieren- si es peligroso para una mujer conducir con tacones.

Mi frustración me precedía mientras salía de la oficina de tránsito de Pekín. Caminé en dirección a la autopista para tomar un taxi, y al cruzar un rallado peatonal casi fui arrollada por un camión cuyo conductor cree que “cruce libre a la derecha” significa pisar el acelerador en la esquina y no mirar al frente antes de girar. Luego del percance no conseguí un punto para detenerme a esperar un taxi, toda la acera -pintada en ese amarillo que indica “no estacione”- estaba cubierta de vehículos. Volví a la esquina para intentar acercarme más hacia la calle y ser visible para un taxista pero otro montón de carros se habían apostado casi en tumulto. Racionalizar que, vaya ironía, todos ellos tenían licencia y yo no, terminó de desplomar mi ánimo.

Pekín es casa para unas 20 millones de personas y poco más de 5 millones de automóviles. Dos años atrás los números ya revelaban que mil 200 vehículos nuevos se estrenaban entre sus calles a diario. Varios planes se han puesto en marcha para garantizar la afluencia en el asfalto, como la lotería para comprar carros o el aumento de las tarifas de los estacionamientos, sin embargo, el tránsito no sólo se ha vuelto lento sino complejo.

Carro de la policía estacionado de forma estratégica en un cruce y frente al rayado peatonal

Al montarse en un taxi en Pekín lo más probable es que piense que este hombre obtuvo la licencia ayer, y quizás no esté sospechando mal, recuerde que los automóviles en la ciudad son parte de la historia contemporánea.

Una clásica que notará en seguida es que para ellos “cruce a la derecha libre” significa “quítate que voy”. Luego verá un sinfín de particularidades como los frenazos y acelerones inmediatos, el cambio de canal sin mirar a los lados, la inutilidad de los retrovisores, el olvido en que viven las luces de cruce y emergencia, la bizarra costumbre de parar en medio de la vía, carros en flecha, vueltas en U a mitad de la calle, la imposibilidad de estacionar en el espacio dispuesto, incapacidad para retroceder, el repentino descubrimiento de la palanca de velocidades y la repetitiva imagen de los carros estacionados a casi medio metro de las aceras.

También percibirá costumbres de corte social como fumar dentro del carro en invierno, por ende, con los vidrios cerrados, abrir la puerta para escupir mientras esperan el cambio de luz, los trescientos adornitos con que saturan el interior de un auto y los peluches con que cubren la visión del vidrio trasero.

Los abarrotados autobuses -vagones de doble dimensión- van rápidos y furiosos, y en un semáforo más de una vez creerá que van a arrollar a algún ciclista mientras hacen el debido “cruce libre a la derecha”.

A veces pareciera que tras un volante sienten que llevan el manubrio de una bicicleta, cuyas características sí le permiten parar en lugares improvisados y hacer maniobras de corte arriesgado.

Conseguir un taxi en horas estratégicas ya no es tan fácil como en meses atrás e incluso está requiriendo de dosis de negociación gracias a choferes que aprovechan las crecientes necesidades para redondear el ingreso familiar.

Lo cierto es que cada día menos pedalean y más acuden a los motores. Si no es en carro o bus, será en taxi o en moto. Todos estos medios tienen que compartir las vías con triciclos y el nunca fuera de moda rickshaw, particularmente en estos tiempos de mayor demanda de transporte.

Una tarde cualquiera en la línea 10 del metro de Beijing: entren que caben 100! o mil?

Mientras tanto, el subterráneo de la capital china también luce señales de tráfico. Las doce líneas del sistema de metro de Pekín están repletas de usuarios. Antes de las 10 de la mañana, abordar en un vagón es una tarea digna de equilibristas del Cirque du Soleil, y es importante considerar que los trenes en las primeras horas del día pasan casi a cada minuto.

Pese a todas estas nuevas circunstancias mi sensación no es la de un colapso cercano e inminente, sino la de un tránsito más creativo y variopinto.

Otoño

3 oct

Una mañana de otoño desde la ventana de mi casa: cielo azul, clima frío sin llegar a helado y con posibilidades de respirar sin consecuencias secundarias

La misma ventana seis meses atrás, en pleno verano de 40 grados la sombra

Extremos. Así son las cuestiones climáticas en la capital china. Sólo esta mañana, en apenas una hora de diferencia, el clima varió de 6 a 16 grados centígrados. Sólo en dos semanas mi ropa varió de pantalones cortos a largos y doble dosis de abrigo.

En la Pekín de los contrastes el verano es caliente, el sol quema y el aire para. La humedad sube, así que sudar en cantidades abismales es el precio que se paga por salir a la calle. Siendo idéntico al clima bajo el cual nací y viví los primeros años de mi vida, lo único que me afecta en esa época del año es no tener una playa en kilómetros a la redonda y que la panorámica siempre está empañada por esa nube gris que cada día está más parecida a la niebla diabólica que invade a los Estados Unidos en “The Mist“.

Llega el invierno y parece un sueño bizarro haber usado shorts o mini faldas. Haber salido de casa con los hombros al aire o en sandalias. De hecho, haber salido de casa de forma voluntaria es un acto, a medias, incomprensible en la nueva perspectiva.

El centro comercial que antes encendía fuentes y humidificadores para enfriarle la vida a los clientes, en invierno instala angostas casillas para calentar a los vigilantes que deben cumplir horario en las aceras. En vez de trozos de melón y piña, los vendedores de comida ambulantes ofrecen batatas asadas y semillas calientes. La única cosa que no cambia entre una y otra época es la presencia de la nube gris, salvo que, quizás, hace más juego con esta estación que con la que debería ofrecer un sol interminable y omnipresente.

Otoño es otro extremo, el mejor posible. Las primeras semanas de la estación son las mejores de todo el año, no hay duda. El cielo -no sé porque extraña razón- permanece limpio y azul hasta por 5 o 6 días seguidos. Es frío, cada día más frío, pero soportable y, lo más importante, respirable. La sensación en las noches, al mirar la ciudad desde la sala de casa, es que los vidrios se limpiaron y la panorámica ya no está más borrosa.

Todo es claro, nítido. Aún hay verdes y flores. La bicicleta es una forma de transporte todavía válida, y salir a la calle sigue siendo una buena idea.

Estamos en la etapa media de la estación, de paso atravesando un feriado nacional (traducción: personas de vacaciones visitando otras regiones) y la ciudad muestra su mejor cara. Temperatura media, cielo azul, calles vacías y niveles de ruido aceptables. La única característica negativa del otoño de Pekín es que se acaba.

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