En dos ruedas

14 Sep

Nota al lector: No se sorprenda, es posible llegar a los 29 años de edad sin saber andar en bicicleta.

Aquí aprendí a andar en la bici como los niños, tal cual, en el jardín del edificio. Un poco vergonzoso a considerar que los pequeñines casi hacen acrobacias en dos ruedas, y yo con mi tamañote -por lo gorda, no lo alta- tratando de dar una curva sin estrellarme contra los árboles.

Al tercer día, mi instructor me emplazó a dar un paseo en la calle, en la vida real. No tan real porque era un martes a las 11 de la noche, entiéndase, hay poco tráfico.

Beijing ofrece esa oportunidad de recorrerla a pie, en metro, en carro, autobús, bicicleta, rickshaw y además en unas especies de cabinas metálicas y selladas donde no caben más de dos personas y van impulsadas por un motorizado. Desde cada opción, el volumen de gente es intenso pero la vista es distinta. Yo había probado todas, menos la bici.

Las amplias calles de la ciudad permiten que buena parte del recorrido se haga en ciclovías. En otros puntos, las vías se estrechan pero carros y bicis conviven en imperfecta armonía con otros medios de transporte.

Según cuentan los entendidos, hasta hace nada, menos de dos décadas, la mayoría del transporte era a dos ruedas. Justo tres días atrás escuché decir a un diplomático, que trabajó aquí a principio de los años 90, que no es posible ver vehículos viejos en estas calles, sencillamente porque no existen, andar en automóviles es una tendencia nueva, producto del volátil crecimiento económico del país.

Los pocos años de experiencia frente al volante podrían explicar por qué los conductores son pésimos, tanto que pasan por lo menos diez minutos tratando de estacionar un vehículo, desconocen la reversa, no tienen idea de cómo cambiar de canal y lo peor, descubrieron que no pasa nada si la aguja supera la marca de 80 kilómetros por hora.

Sin embargo, todo mundo sabe que motorizados, ciclistas, rickshaws y afines transitan por el lado derecho de la vía, sin zigzagear entre los carros tal como nuestros inigualables mototaxistas. Eso facilita a los novatos -como yo- los primeros pininos abordo de las dos ruedas.

Luego de aprobar mi primera incursión callejera -aprobar significa que no me fracturé ningún hueso, ni morí-, este fin de semana realicé mi segunda travesía, esta vez sí de día, aunque en domingo, que la cosa es más leve.

Este nuevo desafío me permitió diagnosticar una falla: tengo el mal de los aprendices de sincrónico, problemas con el arranque. Cada que paro en un semáforo, arrancar se vuelve una experiencia religiosa. Me quedo varada en mitad de la vía con trescientos ciclistas pasando a mi alrededor y yo intentando impulsar mi nave fucsia, tatuada con margaritas blancas y cintas celestes. Sehhh, tiene personalidad.

En fin, andando hacia la zona de bares más famosa entre la comunidad occidental de la ciudad, aprecié que así como en nuestras ciudades hay caucheras a cada diez cuadras, aquí hay puestos para arreglar bicis. Llenan el aire a los cauchos, colocan cestitas, venden cerrojos, cambian pedales y solucionan cualquier otro inconveniente que se presente. Ah, y los encargados son idénticos a nuestros caucheros, sólo que no te dicen “bueno mamita” ni tienen afiches de mujeres en bikini promocionando ruedas.

De más está decir que, aunque esto no es el cielo y sí hay alguno que otro robo, la seguridad es la regla, no la excepción, así que aquí no hay mercado laboral para “los bien-cuidado”, sólo amplios resortes de metal o barandas que sirven para enganchar las bicis con sus respectivas protecciones.

Pese a que me siento más vulnerable -no emocionalmente por el romanticismo de la idea de la bici, sino cuando tengo un autobús al lado-, comienza a resultarme emocionante cambiar el volante por el manubrio. También lo encuentro conveniente, porque está como más sencillo pararse en estos puestos ambulantes y hacer señas para llenar el aire de los cauchos, que intentar explicarle a un mecánico que el carro está fallo de refrigerante, necesita cambio de aceite, y revisión del filtro de la gasolina.

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4 comentarios to “En dos ruedas”

  1. Eliezer septiembre 14, 2010 a 9:31 AM #

    Sí, uno de los medios de transporte más comunes de China son las bicicletas, así que te recomiendo que te muevas en la bici siempre que puedas porque es otra forma de hacer algo que aquí no se puede… (y recuerda ver un juego de badminton!!!!) jejejeje… un fuerte abrazo, eliezer

  2. Nathalie López septiembre 15, 2010 a 9:26 PM #

    Y NO CONTAMINA!!

    • Paula Ramón septiembre 15, 2010 a 10:04 PM #

      Y por eso es que aquí todos deberían andar en bici jejejeje a ver si podemos respirar!

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