Sí hay vida más allá del Caribe

13 Oct

 

El color del agua no da lugar a dudas de que el Pacífico sí puede ser tan o más paradisíaco que el Caribe

 

No recuerdo la primera vez que vi el mar. Fue el Caribe, eso sí. Confieso con vergüenza que hasta hace nada para mí sólo había un concepto de playa: el aprendido en mis viajes familiares de niñez desde occidente a oriente.

Luego entendí que no en vano medio mundo ha sufrido los embrujos de nuestro país, la costa venezolana no será única, pero como se las trae. Hecho este preámbulo que deja claro mi fervor patrio acuático, procedo a contar que finalmente puse los pies en aguas del Pacífico, y qué aguas!

Filipinas es una nación extraña, y extraña es un adjetivo incapaz de describir tanta complejidad. Siete mil ciento siete islas, ése es el país. Imaginen lo que sufren los niños en la escuela para dibujar su mapa. Algunas islas son tan pequeñas que ni siquiera figuran en la carta. Con una historia llena de conquistas, intentos frustrados de democracia, reconquistas, pugnas internas y nuevos gritos independentistas, la sociedad no puede ser menos que diversa.

Para los venezolanos no sería muy difícil sentirse en casa. Quizás sea el signo de haber compartido la suerte de haber sido colonia española o tal vez producto de las latitudes, pero los rostros, colores y sabores no se hacen tan distantes. También puede resultar una conclusión manipulada por los seis meses previos en Beijing. Mas para quiénes creen que se debe a un intento desesperado de buscar pares en Asia, les cuento que en tres ocasiones me preguntaron si era nativa.

Luego de tres horas de vuelo, una noche en Manila, otros cuarenta y cinco minutos en avión hasta la ciudad de Kalibo, dos horas de autobús en dirección al puerto de Caticlán, finalmente allí tomamos un bote que en cinco minutos nos depositó en nuestro destino: Boracay. Según las guías turísticas esta isla es la joya del archipiélago.

No es fácil decidirse entre tanta diversidad, y las condiciones geográficas alejan aún más las islas. Así que mis días corrieron en la playa blanca de Boracay. De un lado la arena cuyo color da nombre a esta costa, y del otro una calle cruzada por motorizados, transportes ingeniosos y mercado de abastos. Comprenderán que me refugié en la arena. Las aguas cristalinas, calmas y calientes son perfectas para nadadores tan inútiles como yo. Si usted es de esos que no se defiende ni en estilo perrito, encontrará allí un verdadero paraíso. La transparencia es tal que, con el agua al cuello, aún podrá ver los pececitos que intentan alimentarse de sus pies.

Aunque ésta es la temporada de lluvias, la suerte estuvo de nuestro lado y un sol radiante se mantuvo estoico durante toda la jornada espantando nubes negras que sólo pudieron hacer de las suyas un par de madrugadas.

La playa es extensa, distribuida implacablemente entre posadas que se mantienen a metros respetuosos de la orilla que va y viene en función de los cambios de la marea. Resultan insoportables los comerciantes que merodean todo el lugar ofreciendo lentes, Rolex (sí, Rolex!), perlas -de seguro tan falsas como la ética de nuestra administración pública-, sombreros, y toda clase de viajes y promociones turísticas. Pero el detalle es superable si no tiene problemas en repetir 85 veces al día “No, thanks”.

No es ésta temporada alta, pero el tránsito de personas es considerable. Pese a la masa, es prácticamente imposible encontrar una botella o un papel en el suelo. Carteles a lo largo de la playa exponen dos ordenanzas que deben ser cumplidas: prohibido lanzar basura y fumar en la orilla. Sin policías ni vigilancia, se respeta. Una división de bambúes marca el área de mar que es para sentarse, acostarse, leer, tomar sol, beber o jugar. Comer y cualquier otra cosa es hacia el otro lado, aún con la vista en el mar y a escasos metros de él. Esta suerte de frontera me terminó pareciendo una idea perfecta que mantiene en orden el lugar.

Con variadas opciones de alojamiento, los precios rondan entre los 30 y 60 dólares la noche si no se busca lujo excesivo. Después de todo, en semejante escenario, la posada sólo sirve para cambiarse de ropa y dormir.

Las ventas no varían mucho de las que estamos acostumbrados a ver en los parajes costeros. Accesorios, tatuajes temporales y permanentes, comidas y bebidas, recuerdos al estilo “I love Boracay”, equipos para actividades acuáticas, y baratijas inútiles que resultan verdaderas trampas cazabobos.

 

Los paisajes por cobrar que sirven como fondos de postales instantáneas y personalizadas de la isla

 

Las únicas variantes que yo encontré fueron unos castillos de arena y otras figuras gigantescas con las coordenadas de tiempo y espacio que servían de fondo para una instantánea personalizada, y la reiterada oferta de masajes, manicure y pedicura. Perdóneme quien se haya cambiado el esmalte de las uñas a la orilla del mar, pero yo hallé el tratamiento muy bizarro. Los masajes son una constante en Asia, y al parecer no basta para relajarse un rechoncho y brillante sol pintando las nubes de malva en su vertiginoso descenso al horizonte azul. Cada cinco minutos llegará una señora que, casi a ritmo musical, le ofrecerá “body massaaaage”.

– No, thank you

– Maybe you only want a foot massaaaaaage

-No, thank you

-Maybe you’ll want it lateeeeeeeer

-No, thank you

Entre uno y otro intento frustrado, logrará, con Piña colada en mano -a 2 x 1 por el Happy Hour del restaurante de atrás- disfrutar del atardecer que deja en pañales a los ocasos de Barquisimeto, que no en vano es conocida por ser la ciudad de los crepúsculos. Al final del día, con certeza afirmará que sí hay vida más allá del Caribe.

 

El atardecer en la playa blanca de Boracay

 

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5 comentarios to “Sí hay vida más allá del Caribe”

  1. Blanca octubre 14, 2010 a 1:23 PM #

    que rico!!! la playa siempre es un purificador del alma. Que bueno que por allá, también tengan su encanto.

    • Paula Ramón octubre 15, 2010 a 11:36 PM #

      Eso es correcto mi Blanca, porque al parecer en la China no hay mucha esperanza con el mar… Pero está por verse, quién quita una sorpresa!

  2. Nelida octubre 15, 2010 a 3:30 AM #

    Qué cochina envidia y pensar que no querías irte para China por no dejar de cubrir al Psuv. Resulta que te la pasas viajando y conociendo sitios fabulosos. Francamente chica, chaca la cuenta!!

    • Paula Ramón octubre 15, 2010 a 11:37 PM #

      Jajajajajajaja Confieso que mis lunes ya no son los de antes… siento un vacío espiritual a golpe de 11 y media de la mañana, cómo extraño esos plantones jejejejeje

      • Blanca octubre 19, 2010 a 10:52 AM #

        nooooooooooooooo! como dice Nelida,m chaca la cuenta, pero vas ganando tu!!!

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