Cold Inc.

22 Ene

No desmayen que este post no va de pregonar que el invierno es una invención del imperialismo para obligarnos a consumir e impulsar, aún más, el capitalismo perverso y malvado que atenta contra la máxima felicidad posible. Como es bien sabido que lo escrito permanece, esta entrada no tiene más pretensiones que dejar registro virtual de cómo vive su primer invierno una maracucha (dícese de persona natural de Maracaibo. Ciudad occidental de Venezuela famosa por su calidez: el termómetro difícilmente baja de 30°).

Criada bajo un sol que tuesta desde que se levanta hasta que se pone, cualquier exposición debajo de los 15° implicaba frío, pero seamos francos que, con la excepción andina, en las urbes de Venezuela valores inferiores sólo se logran gracias a los aires acondicionados. Otra de las ventajas de nuestro mundo tropical es la casi invariabilidad de la temperatura durante todo el año. Apenas chequeamos el pronóstico del tiempo en función de saber si lloverá mañana o no.

En contrapartida, al otro lado del planeta la medición meteorológica se ha vuelto mi obsesión. Desde que el otoño despuntó y el marcador comenzó a descender no paro de mirar los números caer. Dos meses atrás llegue a decir, sin ironías por medio, que 4° era una óptima temperatura, sí, todo es cuestión de perspectiva. En este momento el apuntador virtual señala que afuera la cosa está a -3, con sensibilidad térmica de -9. Si me he vuelto histérica con la predicción, hay un elemento de ella que me obsesiona aún más por estos días. La humedad. Quién piensa a diario sobre cómo está la humedad en la ciudad? Yo! Y es que ahora vivo a 150 kilómetros del Desierto de Gobi. Mientras aquí la humedad está marcando ya mismo un pálido 19%, en Caracas va de 80%. Conclusión: me estoy secando cual vampiro viendo la luz solar.

Así las cosas, la cotidianidad se va llenando de cosas y rutinas impensables en nuestra costa caribeña. A la crema corporal se suman mililitros diarios y continuos de lociones para pies, cabello, cara y manos. Paseo por la casa con la calefacción encendida a mil y abrazada a una botella de agua y a las emisiones vaporosas de los humidificadores recientemente adquiridos. Se ha vuelto parte indispensable de la labor hogareña revisar que contengan agua estos aparatejos, cuya existencia desconocía por completo hasta unos meses atrás. Menos sabía sobre aerosoles para eliminar la electricidad estática de la ropa, pero están en mi lista de compras urgentes e inmediatas, porque estoy harta de las chispas que ocasionan mis abrigos.

Salir implica un acto de paciencia que empieza con las medias, continúa con los calentadores para las piernas y para el torso y sólo termina siete piezas después, a saber, pantalones, sweter, abrigo, guantes, bufanda, gorro y botas. Quién me conozca debe delirar de la risa pensando en mi con toda esa ropa encima, pero aviso que pese a las capas, muero de frío. La peor parte del asunto para esta neófita de los temas gélidos es que uno se viste para la calle, no para los interiores. Resultado? lejos de dar megas caminatas, no pasan más de cinco minutos para abordar un taxi, el metro o un centro comercial, todos con calefacción. Allí empieza el estriptís: se va el gorro y los guantes y la bufanda. El abrigo se abre generosamente, pero de nada sirve que abajo queda mucha lana más, y uno pasa de morirse de frío a morirse de calor. El fenómeno inverso de la cotidianidad marabina, que implica lanzarse encima todos los trapos cada vez que se entra a una oficina, casa o centro comercial. No en vano a sus 40°, Maracaibo ostenta una pista de hielo para patinar.

Las vitrinas de las tiendas solamente exhíben looks invernales y ofertan tratamientos corporales para combatir los “estragos” de la sequía pekinesa. Pese a los bajos en el termómetro, adornos rojos por doquier anuncian vientos de cambio: ya toda la ciudad está ataviada con las decoraciones de “la fiesta de la primavera”, nombre que distingue la festividad más importante del año en China, el año nuevo que en esta ocasión comienza el 3 de febrero, y que anticipa el cambio de estación.

El pronóstico del tiempo está anunciando posibilidades de ver copos de nieve caer el jueves de la semana próxima en Pekín. Sería la primera nevada de este invierno en la ciudad. Y para quiénes odien la idea de agregar hielo a las rutinas heladas, confieso que muero por ver un poco de blanco decorando las ramas secas de los árboles. The Weather Channel me advierte que apenas hay 40% de probabilidad, siendo poco, es considerablemente más que el 0% de precipitaciones diarios. Todo es cuestión de perspectiva.

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2 comentarios to “Cold Inc.”

  1. Blanca enero 22, 2011 a 1:00 PM #

    Así es la vida Paula. Hay que vivir de todo, aunque uno a veces muera de frío y otras de calor!!!! Ojalá no te pase como el c¿histe del maracucho que anhelaba ver la nieve y cuando pasó un año en Canadá, dijo que la nieve es una porquería!!! Suerte con el clima. Y cuando comience el año, monta fotos, muero por ver las decoraciones!!!

    • Paula Ramón enero 26, 2011 a 6:27 PM #

      jajajaja puede pasar! Prometo escribir sobre la celebración del nuevo año que ya estamos en vísperas!!

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