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Zaijian China

12 Dic
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Una llama pasea por Sanlitun Village, el centro comercial más concurrido en las noches de Pekín

Exámenes de chino, bloqueo sistemático de Internet, trámites burocráticos, un nuevo cachorrito en casa, compras de última hora y la preparación de la mudanza me mantuvieron alejada de este espacio. No relate como habría querido mis últimos días en China. En realidad, las cosas bizarras que tanto llamaban mi atención al comienzo de mi estadía no lo eran más (curioso, si contamos que horas antes de partir al aeropuerto vi una llama (sí, el animal) paseando por el shopping más hip de la capital).

Una amiga contaba unos días atrás que la experiencia China es similar a un masaje: duele al comienzo pero luego quedas con la sensación de que valió la pena. Y sí, vale la pena. Tres años no son suficientes para entender mucho, mucho menos para dar cátedra, pero son útiles para reconocer lo mucho que ignoramos al no mirar a ese lado del mundo que transcurre en caracteres.

Solemos resumir nuestros viajes contando lo aprendido. Es un resumen que no consigo hacer con claridad, no me siento la misma persona que salió de Caracas con dos maletas un abril cualquiera, y no lo digo porque regresara con tres maletas, dos perros y cinco kilos a más.

Nos gusta contar. En números todo se comprende mejor. También conté las horas de vuelo, los lugares que conocí y los caracteres que aprendí. Pero no pude contabilizar las botellas de vino, los platos que cociné, los amigos, ni las horas que pasé en el mundo virtual intentando matar nostalgias.

Salí de Pekín el sábado pasado. La semana pasada era mi casa, hoy es una ciudad lejana.

Todo viaje cambia. Todo viaje moldea. Cuando llegué a China no sabía decir “hola” en mandarín. No sólo aprendí a despedirme en lengua local, sino también a saludar a mi nuevo destino en su propio idioma. Zaijian China, Oi Brasil.

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Las olimpíadas desde la óptica china

2 Ago

Durante la transmisión de la Copa Mundial de Fútbol de 2010 escuché a un brasileño decir que estaba sorprendido con ver tanta emoción en las calles de un país que mira el evento sin participar de él. Hasta ese momento nunca había pensado en cuánta pasión le imprimimos a contiendas deportivas en las que no estamos involucrados ni representados. Es normal para nosotros -los que nacimos en un país que nunca fue a la Copa. Es curioso para ellos -los que nacieron en un país que besó la Copa 5 veces.

Lo cierto es que los chinos no sólo se emocionan con los partidos sino que esperan las transmisiones desvelados en esa mala pasada que les juega ir unas cuántas horas adelante en el reloj. El tema ya ha virado material de diálogos de los libros de enseñanza de mandarín.

Era de imaginar que la experiencia olímpica llevara al marasmo nacional. China no sólo fue la anfitriona en 2008, sino que en esa época se despidió coronando el medallero con 100 preseas, 51 de oro. Este año, semanas antes de la ceremonia inaugural, los canales estatales con derechos a la transmisión calentaron el ambiente difundiendo momentos de la historia olímpica, y sólo un día antes de comenzar la jornada en Londres, rememoraron su propia apertura de cuatro años atrás.

Una vez encendido el impresionante pebetero del británico Thomas Heatherwick, la televisión china inició una jornada de transmisión non stop de los juegos… de los juegos donde participan sus compatriotas. El debut de Brasil en fútbol – que tiene miles de seguidores en el país – no fue televisado, y la histórica victoria de Honduras que dejó fuera a España, también en balompié, no ganó más de una breve mención en el noticiario. Las actuaciones de los atletas chinos han sido mostradas desde todos los ángulos, en cámara lenta y con incontables repeticiones diarias. Algunas, incluso, musicalizadas al ritmo del “We are the Champions” de Queen.

Es natural que un país esté orgulloso de sus atletas y dé mayor cobertura a sus actuaciones, pero es peculiar que la “fiebre olímpica” sea tal que les impida transmitir el resto de la jornada. Con dos canales dedicados 24/7 a Londres 2012, China no transmite las olimpíadas, transmite a China en las olimpíadas, a la China del oro en las olímpiadas, porque la China que pierde no consigue la foto portada.

No parece aplaudirse una generación que mira hacia el deporte como una forma de vida o un ejemplo de constancia, sino como una forma de demostrar que “We are the Champions, my friend”. Así dos jugadoras chinas de bádminton -con claras posibilidades de colarse en la final- fueron descalificadas por jugar a perder para alterar las eliminatorias y evitar coincidir prontamente con sus compatriotas; el pesista Wu Jingbiao lloró ante las cámaras y pidió perdón a la patria defraudada por no conquistar el podio; y cuando la clavadista Wu Minxia mordió el oro  por su salto de 3 metros fue cuando supo que su abuela estaba muerta y que su madre luchaba desde hace 8 años contra un cáncer de seno, ambas historias ocultadas por su padre para no “desconcentrarla” de su entrenamiento. “Hemos sabido por años que nuestra hija ya no nos pertenece” dijo el señor Minxia a la prensa local.

Tirando el ping pong (donde chinos compiten contra chinos nacionalizados en otros países) y el bádminton, no es frecuente ver a la gente practicando deportes en las calles. Los chinos están poco familiarizados con el agua y la natación, pero el impresionante sistema de entrenamiento acaba de producir una marca histórica para la disciplina con el performance de Ye Shiwen.

Tal parece que aquí “la fiebre olímpica” se traduce en “fiebre del oro” y dista, de forma evidente, de la pasión por el fútbol que ha ido creciendo en el país durante los últimos años.

El ortopedista

18 Jun

Hace casi un mes Fabiano (el esposo) se lastimó el pie derecho jugando fútbol. Hombre al fin de cuentas, siendo él zurdo, decidió que un dolor en fase continuada no afectaría su vida en mayor grado. Dos semanas después, tras acabar la segunda caja de Diclofenac, pensó que, quizás, sólo quizás, sería aconsejable ir a un médico.

La primera consulta fue tan básica como cualquiera podría esperarse, con la exepción de que el doctor se saltó el acostumbrado Rayos X y fue directo a la resonancia magnética. El estudio no sólo costaba una fortuna, sino que además sólo se hacía los lunes, y claro, era un martes. Pasó otra semana y llegó el día. El resultado estuvo listo pocos días después. Cuando fuimos a retirarlo pedimos una consulta para que el doctor pudiera ver las láminas, y el proceso fue tan rápido que ni siquiera tuvimos oportunidad de entrar al consultorio.

En uno de los pasillos del hospital el hombre ojeó las imágenes y aconsejó volver al día siguiente para buscar un ortopedista, por que había problemas en un hueso del pie. Y volvimos. La espera fue larga, no tanto por la cantidad de pacientes en fila como sí por la cantidad de pacientes que se saltaron la fila.

Cuando el ortopedista vio los resultados lanzó un “it’s all normal” que evidenciaba su precario inglés. En vista de que insistía que no pasaba nada, supuse que no sabía decir en inglés que había un problema, e intenté explicarle en chino que un día atrás otro doctor había recomendado la consulta porque había notado un problema en un hueso. En chino respondió que sí, sí hay un problema, “aunque no es muy grave“. El diálogo en chino prosiguió, más o menos así:

– Entonces, por qué dice que es normal?

Por qué no es muy grave. 

– Pero él lleva cuatro semanas con dolor…

Le puedo recetar un analgésico.

– Lleva cuatro semanas tomando analgésicos, no es mejor saber cuál es el problema?

Él bebe mucho?

– No.

Tiene algún examen de sangre?

– N0.

Entonces necesito un examen de sangre para ver su problema.

– Pero él se lastimó jugando fútbol, alguien lo golpeó y desde entonces no para el dolor.

Bueno, puede ser una enfermedad –cuyo nombre desconocí– y para diagnosticarla debo ver el examen de sangre.

– Pero fue jugando fútbol…

– Él sigue jugando fútbol?

– Sí.

– Debería parar y si le sigue doliendo debería usar zapatos que no le causen dolor. Los espero de vuelta con el examen de sangre. Siguiente en la fila!

Protestas en la calle

7 Jun

Unos días atrás, cuando salía en la bici hacia el gimnasio, distinguí en la calle del frente de mi edificio un tumulto de personas, no más de 5 u 8 chicos sosteniendo una pancarta y gritando algunas consignas que, sumando la distancia y mi carente chino, no lograba descifrar.

El evento habría pasado inadvertido de no ser porque unos días atrás había echado un ojo al balance anual de Human Rights Watch en su capítulo China. Me llamó la atención de que hablaran de un estimado de 200 a 250 protestas diarias con participación de ciudadanos, como un hecho que evidencia el progresivo cambio de la sociedad frente a problemas diarios como corrupción, abuso de poder y mejoras económicas.

Como se puede sacar al periodista del periódico, pero no al periódico del periodista, pedaleé tras ellos soñado con que pudiese tratarse de una protesta a punto de disolverse. Todos iban uniformados, así que “son de alguna empresa y exigen arreglos salariales” – deliré. Enceguecida por la ambición de toparme con algo más difícil de presenciar que el Monte Fuji en días nublados, no reparé en que el color del uniforme era violeta (inusual). No escuchaba nada con claridad, mientras más me acercaba menos intentaba descifrar los gritos, sólo quería llegar al frente y ver de qué se trataba.

Para pesar de Julio César, vine, vi pero no vencí. Sus camisetas planchadas y sus peinados de altura (por el tamaño, más que por el estilo) iban en sintonía con espléndidas sonrisas. Nada de caras largas, nada de furia en el andar, nada de reclamos, sólo una cordial invitación para ir a la nueva peluquería del vecindario.

Y para justificar mi pedaleada, imbuida por delirios de Luisa Lane, tomé una foto y, a falta de noticia, escribí este post.

Love is on the air

24 Mar

En los tiempos que corren, las novias trajeadas de blanco parecen salir de cada esquina en la China contemporánea

La semana pasada fui al parque. En los días de cielo gris -la mayoría del año- el encuentro con la naturaleza no es refrescante. Es, más bien, como ver el mundo con cataratas, una nube color plomo que se atraviesa entre los ojos y el escenario. El gris del agua se funde con el gris del cielo y transforma el horizonte en algo borroso e impreciso.

Pero no todos nacen en tierras donde el tecnicolor marca la perspectiva, y supongo que aplicando la máxima de “esto es lo que hay”, una tarde de sábado es propicia para que novias y novios se lancen a los parques a retratarse para armar su álbum de bodas.

En China todo es acerca del rojo, la buena suerte está teñida de escarlata, pero con la apertura y las oleadas de extranjeros pisando suelo oriental, el blanco se ha convertido poco a poco en un gusto adquirido, un ritual prenupcial que luce bien ante el lente. El rojo, como la procesión, va por dentro, o por debajo, para la buena suerte. No hay ceremonia eclesiástica, sólo fotos posadas en exteriores naturales o de concreto.

Un ejercicio realista o una total dislocación de sentido? Dejando a un lado el debate sobre banalidades y espiritualidades, lo cierto es que el amor no escasea por estos lares -o la disposición al compromiso- y que las mujeres están en la onda de Rocío Durcal y su grito musical de querer casarse “vestida de blanco”.

Éste es un país de proporciones grandes, y en temas conyugales parece no ser la excepción. La semana pasada, mientras viraba la vista del gramado al lago pude contar cinco novias posando ante las cámaras. Otras tres aparecieron en mi ángulo como si de un déja vu se tratase: una salía de un ritual para la buena suerte, otra caminaba por la vera del parque y una tercera arrojaba ofrendas al agua.

Las novias a la orden del día. Y es que hay tardes en la China contemporánea donde la contaminación no es lo único que está en el aire.

Pets Ok

1 Feb
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Aviso dispuesto en buena parte de las tiendas de uno de los complejos comerciales y artísticos más importantes de Tokio, el Roppongi Hills ubicado en el distrito Minato

Cómo me veo?

23 Dic

Alguien que vivió en China por cinco años definió el dress code de Pekín como un intento exitoso de armar las combinaciones más improbables siguiendo criterios de texturas, colores y estampados.

A simple vista cualquiera podría deducir que no hay reglas para enmarcar los estilos cotidianos que vemos en las calles, pero basta un poco de observación para entender que ese patrón-sin-patrón se va repitiendo sin parar al punto de parecer que todo el mundo sacó su placard de las mismas vitrinas.

Medias negras, shorts cortos y tacones de vértigo son las reglas de la primavera. En invierno las pieles, cosas felpudas y botas sin tacón son el hit instantáneo. Las botas de femme fatal dominan el otoño, en tanto que el verano está marcado por pies que, atrapados en medias de nylon tobilleras, intentan de forma infructuosa escapar por las rendijas de las sandalias.

Sin posibilidad alguna de desbancar a la lista Sartoria, dejo mi humilde contribución al mundo del fashion con algunas imágenes de las tendencias estacionales de 2011 en este lado del mundo.

Una pareja recorre el distrito de arte de Pekín durante el comienzo de la primavera

Con el verano en pleno apogeo, los locales acuden a los accesorios para protegerse del sol, porque si de algo no gustan los chinos, es del astro rey y sus efectos bronceadores

Las medias de nylon negras son un obligatorio de la moda chinesa, igual que las motorizadas con tacones altos

Estas chicas de negro dispensaban una visita otoñal al Parque de las Colinas Fragantes y no vacilaron en sonreír cuando notaron que mi curiosidad disparaba en forma de flash

El amor y la compatibilidad se demuestran de mil maneras, pero en China, una insaltable parece ser la costumbre de vestirse igual

Qué mejor accesorio que unas botas doradas para contrastar un pescador rojo una tarde sábado? Ocasión para el outfit? Feria en las afueras de la ciudad

Y para la playa? ropa de más es sol de menos, así que invirtiendo nuestra lógica de fritarnos como filetes, el dress code chino demanda capas de ropa, gorros y hasta guantes!