Tag Archives: cirugías

De la belleza y sus parcelas

27 Ene

Nadie es plenamente feliz con lo que tiene, eso dicen con frecuencia para explicar por qué la soltera añora un marido de película y la casada sueña con escapar un par de horas a una noche de chicas, o por qué el workaholic piensa en que tal le caerían unas vacaciones mientras que él que está de ferias cuenta los minutos para volver al ruedo, también, quizás para justificar a mujeres pagando para que su pecho suba de la talla 32 a la 40 o para que baje de la 40 a la 32.

En ese mundo de “inconformidades”, el patrón de belleza parece a ratos “lo que sea que tenga cualquiera menos yo”. Trillado está el tema de hacer lo indecible para cumplir formas estéticas impuestas por quién sabe. Suenan hasta inútiles las conversaciones sobre la importancia de la autoconfianza y la posibilidad de vivir feliz sin cargar kilos de silicona o bótox. Sabemos que en Venezuela los pechos naturales son una especie en extinción, y qué ha cambiado luego de esa conclusión científica?

Señores, es universal la obsesión por transformarse en algo que no se es. En una ocasión escuchaba una entrevista de Michael Jackson que sólo versaba sobre sus polémicas. El periodista preguntaba sobre su “esclarecimiento” corporal, y el hombre respondía que todo mundo lo cuestionaba, pero que nadie criticaba a quiénes gastaban horas y presupuesto en clínicas estéticas para mantener sus pieles bronceadas. Pensé que el hombre tenía un punto, y supongo que es lo mismo que han evaluado durante años las compañías de cosméticos que día a día producen potingues variados para establecer, aún más, patrones insostenibles y diversos dependiendo de las consideraciones geográficas.

No basta con que suframos por ser gordos de más o flacos de menos, ahora también nos toca pensar en que nos falta o nos sobra colorcito. Mientras en Venezuela o Chile es factible conseguir crema para lograr un bronceado de playa en “apenas 1 semana de aplicación continua”, aquí, en la China otras compañías distribuyen lociones que prometen un “blanco espumoso” tras dos semanas de uso diario.

Es a cuchillo la competencia entre marcas para ofrecer el “agente blanqueador” más efectivo en todos los productos -exfoliantes, cremas, hidratantes, astringentes, máscaras faciales y pare usted de contar. La chica 10 de Pekín debe ser pálida, mientras más mejor. Menudo problema el verano o la playa, pero nada que no pueda resolverse. El out fit para los días de calor en la concurrida capital de China contempla guantes, sombreros y mangas largas. El look, siempre acompañado de una sombrilla, es también el más apropiado para la playa, en aras de protegerse del malévolo sol y sus rayos ennegrecedores.

Dos turistas chinas vacacionando en una playa de Filipinas. Armadas de sombrillas y pareos para evitar el sol, recorrían la orilla de Boracay cerca de las 10 de la mañana

Magras por excelencia, lo que las chinas no ocultan durante la estación caliente  son sus esbeltas piernas que muestran con orgullo gracias a pantaloncillos cortos y realzan con ayuda de tacones de vértigo. Pese a lo atrevido de la propuesta, el pecho siempre va cubierto, nada de escotes pronunciados a la Venezuelan way, que en una incongruencia de doble moral, prácticamente veta el uso común de minis y obliga la exhibición del tren delantero, a un punto tal que los sostenes con relleno podrían considerarse producto de la cesta básica nacional.

A pesar del sutil dress code de Pekín, cada día son más frecuentes los avisos publicitarios de clínicas que prometen un busto más redondeado y sobresaliente. Si bien no veo que un rostro rebosante de bótox les quite el sueño por estos lares, si hay cirugías de interés como el agrandamiento de los ojos. Para quiénes no disponen de dinero o coraje, también hay productos de belleza que atienden la demanda: pegas o adhesivos que garantizan, temporalmente, un ojo menos rasgado. Basta colocar párpado en inglés (eyelid) en el buscador de YouTube para encontrar decenas de comerciales y tutoriales, por y para asiáticas, sobre el tema. Les anexo uno abajo y los más curiosos pueden medir cuánta polvareda levanta el asunto que sólo este video tiene casi 2 mil comentarios.

En Venezuela el cabello liso manda, todas y casi que todos (o no?) pagan por secados semanales, aman a la plancha por encima de todas las cosas y huyen despavoridos de la lluvia y su diabólico efecto frizz. Aquí, mientras más volumen, más in. Peinados de dos pisos desfilan con frecuencia por las calles. Cuasi la tierra de las permanentes y las melenas alborotadas, coloradas de rubios u ocres, porque los rojos escasean. Las espumas y ceras están a la orden del día, pero qué difícil es conseguir una crema para mantener al liso controlado.

En materia de patrones, dependiendo de quién sea el interlocutor y su concepción cultural, o estamos muy gordos, o muy flacos, o muy bajos, o muy altos, o muy pálidos, o sin curvas, o con muchas curvas, o sin volumen, o con demasiado volumen, o algo falta o algo sobra. Universalmente, sólo veo un punto en el que convergemos: nadie es plenamente feliz con lo que tiene, y cómo tienen claras nuestras inconformidades los fabricantes de cosméticos!

Anuncios

Gimnasio express

16 Nov

Los venezolanos son mundialmente famosos por su obsesión con la belleza. De hecho, podríamos afirmar que ya estamos en un estadio avanzado sobre el tema. La gente comenzó a saltarse el gimnasio y las dietas para tomar, con ansiedad enfermiza, el atajo al físico soñado: la cirugía.

Aquí el fenómeno podría estar comenzando. En revistas, las estaciones de metro y hasta en los taxis es común ver anuncios de rubias voluptuosas y de locales en atuendos atrevidos que invitan al bisturí para lograr curvas o “acomodar” los estragos del embarazo.

Mas, sin tener un posgrado en la materia, creo que aún no padecen la fiebre del silicón. Al ojo por ciento, pienso que están comenzando a ampliar sobre tendencias de moda, maquillaje y físico. La mayor parte del tiempo no celebro casi nada de lo que veo en las calles, pero aplaudo que no exista un perfecto dress code, y que la gente sienta libertad de echarse encima cuanto trapo cree divino.

El maquillaje resulta escaso, y la tendencia es a blanquear la piel. Imposible encontrar un bronceador o una crema con tonos dorados para la piel, las top seller son aquellas que sirven para clarificar aún más la ya bastante blanca tez de los asiáticos.

En cuanto al físico, abundan spas, casas de masajes y gimnasios. Los primeros prometen cambios drásticos en las medidas con anuncios poco certeros. Los segundos van desde prostíbulos disfrazados hasta verdaderos palacios del relax, pasando por la gama de los masajes “hechos por ciegos”, dice la teoría que el masajista al no poder ver, desarrolla otros sentidos con mayor intensidad, en este caso se trata del sentido del tacto. Que si probé? que si puedo dar una opinión desde la práctica? no, me sigue resultando una promoción tan bizarra como el bar de Filipinas que se llamaba “La Casa de los Hobbits” y empleaba sólo a enanos para meseros. De los terceros va este post, de los gimnasios y sus asistentes.

Nunca fui a un gimnasio en Venezuela, bien sea por falta de tiempo o por creer que es imposible concentrarse en las rutinas con cincuenta pares de ojos escrutando desde la ropa hasta el porcentaje de grasa corporal en cada cuerpo. Creo que el gimnasio venezolano es para misses y misters, para quienes ya tienen todo hecho y van a lucirlo en tensas licras, no para quienes queremos cambiar gelatina por algo de músculo. Puedo estar equivocada, es sólo una apreciación carente de observación.

Entonces hablemos de lo observado. El gimnasio en Pekín. Rápido concluí que mi parte favorita es que, pese a que todo en este país es a grandes proporciones, el gimnasio siempre está casi vacío, o es muy grande o siempre voy en horario de oficina. Aunque las mujeres (de todas las edades) me dispensan miradas curiosas, no puedo sentenciar que sean minuciosos exámenes, más bien lo adjudico a lo peculiar que puede resultar mi estampa latina promedio (anchas caderas atrapadas en un envase de 1,59 de alto) al lado de estas delgadísimas figuras, que siguen flacas no importa cuanta harina coman.

Clases de pilates, baile, hip-hop, pesas, abdominales, muslos y traseros, de todo para endurecer cualquier parte del cuerpo. Animada por una vecina, intenté poner a prueba mi resistencia con una de tonificación general. Obvio que el resultado fue tres días de dolor en cada parte de mi ser, sobre todo porque a cada cambio de rutina, obedecí ciegamente a la instructora que me incitaba a aumentar el peso de la barra que no paré de levantar durante toda la hora de ejercicio. Podría asombrar que en una primera clase sean tan extremos, hasta que miras al lado y ves a una de las chicas cargando diez kilos en repeticiones de bíceps con una inmensa sonrisa en la cara.

Para recuperarme decidí continuar con las máquinas, ya saben, caminadoras, bicicletas y demás artilugios controlables sin instrucciones externas. Durante mi media hora de caminata diaria observo, además de comerciales de Tag Heuer, a ansiosos asistentes que lucen convencidos de que con unos minutos de lo que sea despertarán siendo Beyoncé o Edward Norton (en American History X), y entonces entiendo porque una chica alza diez kilos de peso para moldear sus bíceps. Los panas se suben a la caminadora, le meten la máxima velocidad, andan tres minutos y corren a la siguiente máquina, en la que van a repetir el procedimiento.

Ya vi a señores matarse tres segundos en los artefactos para hacer abdominales o correr durante dos minutos, al punto de trastabillar, en las caminadoras.  Claro que hay excepciones, sin embargo, la mayoría dedica más minutos a bañarse, secarse el cabello y cambiarse de atuendo, que al ejercicio. Sin contar que es casi imposible verlos alejados del celular o evitando la conversa con el vecino. Incluso escuché de gente que ejercita unos minutos en traje para no perder tiempo antes de ir al trabajo.

Y mientras voy, cual Rocky, repitiéndome “no duele, no duele, carajo que sí duele”, continúo convenciéndome de que en la China contemporánea  el reloj corre a mayor prisa y la paciencia pareciera ser extirpada al nacer. Todo es rápido, todo es intenso, todo es express. Desde esta perspectiva, creo que no tardan mucho más en descubrir lo que a los venezolanos les (porque me excluyo de ésta) costó años: para qué trotar cuando puedes cortar y poner y quitar?, el bisturí es la panacea.