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Cada miércoles en Seúl

5 Sep

Estas señoras se sientan frente a la Embajada de Japón en Seúl miércoles tras miércoles. Aunque aún viven 83, semanalmente sólo van entre 5 y 7 a la demostración

De las decenas de cosas recomendadas en Corea del Sur, llama la atención en la guía turística de Lonely Planet un aparte sobre las protestas semanales que realizan un grupo de, ahora, ancianas a las puertas de la Embajada de Japón exigiendo una disculpa oficial de Tokio.

Según la reseña, estas abuelas han ido cada miércoles del año desde 1992 pidiendo una indemnización moral: Ellas denuncian haber sido secuestradas y obligadas a realizar trabajos sexuales por y para los militares japoneses durante la ocupación de los nipones sobre Corea, específicamente entre 1932 y 1945.

Los datos de los portales de las, desde entonces, conocidas como “mujeres de confort” sostienen que unas 200 mil jóvenes fueron reclutadas y obligadas a permanecer en las llamadas casas de confort durante esos años. No llegan al centenar las que aún viven para contar la historia, apenas 83 siguen en pie de lucha agrega otro site oficial.

Aunque éste fue un miércoles lluvioso, tomé un taxi y llegué a las puertas de la Embajada japonesa para ver de qué se trataba el asunto. Confieso que fui con un tanto de escepticismo. Nací y crecí en un país que no cuenta la constancia entre sus virtudes, así que me parecía increíble que estas abuelas se mantuvieran semana tras semana inamovibles en su proclama.

Mas ni la guía estaba desactualizada, ni las mujeres se habían dado por vencidas. Allí estaban, con impermeables amarillos, siete de las víctimas y unos treinta acompañantes que se acercaron a colaborar y ofrecer su solidaridad.

A las 12 en punto comenzó la “demostración de los miércoles”. Sentadas una al lado de la otra, escucharon intervenciones de apoyo. Algunas, incluso, de japoneses quienes, a título personal o en representación de organizaciones de derechos humanos, acuden al encuentro para marcar distancia de la posición gubernamental sobre esta denuncia.

Hubo un poco de música, y hasta baile. Una de las señoras tomó el micrófono para increpar al gobierno de Corea del Sur a tener mayor determinación en la resolución de este drama.

Yo que de coreano no masco ni “hola” salí airosa gracias a la amable colaboración de una chica que me tradujo en inglés algunos extractos de la jornada. La chica estudiante de 18 años me comentó que iba cada miércoles de sus vacaciones para demostrar su apoyo a la causa de estas ancianas.

El pasado 29 de agosto se cumplieron 100 años de la ocupación japonesa sobre Corea. Con el tema vigente, a principios del mes pasado, Tokio ofreció sus disculpas, pero las mismas han sido consideradas insuficientes en aras de reparar el daño infligido a la población durante la invasión. Un claro ejemplo es que “las demostraciones de los miércoles” continúan tras esta disculpa.

Mientras alzaban consignas y ondeaban sus pancartas, las “mujeres de confort” regalaban algunas sonrisas a las cámaras de periodistas y curiosos que se acercaban al lugar. La lluvia no menguó nunca, aún así el encuentro se mantuvo durante una hora, tal como todas las semanas.

Del otro lado de la calle, las puertas de la Embajada de Japón permanecían resguardas por funcionarios policiales sin mayor nerviosismo. Después de todo, es evidente que algunos de esos chicos ni siquiera se habrían enrolado en los cuerpos de seguridad cuando estas protestas comenzaron 18 años atrás.

Dientes de dragón

2 Sep

Sé que resulta una soberana tontería, pero siempre he sentido debilidad por la gente que te deja con la sensación de haber hecho una buena compra, así haya sido el gasto más tonto en años.

Caminando por Insadong, una de las calles comerciales y más turísticas de Seúl, tropecé con estos chicos que atraían clientes gracias a un estribillo que a los extranjeros podía resultarnos incomprensible, pero suficientemente simpático.

Detrás de un mostrador, los tres vestidos de blanco, llamaban a cualquier transeúnte a punta de “Hello” o “Come here!”. El público mayoritariamente debía ser turista porque, luego de caminar unos metros, uno descubre que si bien la publicidad del negocio es original, la venta resulta una suerte de franquicia en estas callejuelas.

El espectáculo es el making of de unos dulces llamados “Dientes de Dragón”. La historia va cantada al mismísimo estilo de los Beastie Boys, pero lamentablemente yo me perdí toda la trama al no entender ni una pizca de coreano.

La hechura de los dulces resulta aún más atractiva que su artesanal musicalización: todo comienza con una pieza de miel, cuya dureza es probada golpeando las paredes y vidrios del mostrador. Luego de introducirla en almidón de maíz empieza la magia. Primero la agujerean al centro, después el aro es estirado hasta volverse una especie de collar. Más almidón de maíz y el collar se multiplica incesantemente en hebras más y más delgadas. Finalmente el chico termina con una madeja de hilos tan finos en sus manos que se asemejan a las telas de araña.

Ayudados por unos utensilios bifuncionales: pinza por un lado y cucharilla por el otro, colocan nueces en las vendas resultantes, y cierran a forma de grandes dientes, ciertamente podrían ser del tamaño de los que tendría un dragón.

Por supuesto que me fui riéndome a carcajadas y con mi caja de dientecitos. Sin embargo, confieso que por unos segundos me atrajo más el sistema de pago: la registradora no es más que una caja de acrílico en el mostrador manejada casi en exclusiva por los clientes, porque los chicos siempre tienen las manos llenas de almidón de maíz. El self service exige que la bandeja sea externa para que los compradores coloquen el dinero y tomen el vuelto, si fuera el caso.

Aunque no de mi autoría, les dejo un video porque, como dicen, hay imágenes que valen más que mil palabras. Ah! me refiero a la preparación del dulce, no a la posibilidad de tener el dinero de la venta al alcance de la gente.