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Otoño

3 Oct

Una mañana de otoño desde la ventana de mi casa: cielo azul, clima frío sin llegar a helado y con posibilidades de respirar sin consecuencias secundarias

La misma ventana seis meses atrás, en pleno verano de 40 grados la sombra

Extremos. Así son las cuestiones climáticas en la capital china. Sólo esta mañana, en apenas una hora de diferencia, el clima varió de 6 a 16 grados centígrados. Sólo en dos semanas mi ropa varió de pantalones cortos a largos y doble dosis de abrigo.

En la Pekín de los contrastes el verano es caliente, el sol quema y el aire para. La humedad sube, así que sudar en cantidades abismales es el precio que se paga por salir a la calle. Siendo idéntico al clima bajo el cual nací y viví los primeros años de mi vida, lo único que me afecta en esa época del año es no tener una playa en kilómetros a la redonda y que la panorámica siempre está empañada por esa nube gris que cada día está más parecida a la niebla diabólica que invade a los Estados Unidos en “The Mist“.

Llega el invierno y parece un sueño bizarro haber usado shorts o mini faldas. Haber salido de casa con los hombros al aire o en sandalias. De hecho, haber salido de casa de forma voluntaria es un acto, a medias, incomprensible en la nueva perspectiva.

El centro comercial que antes encendía fuentes y humidificadores para enfriarle la vida a los clientes, en invierno instala angostas casillas para calentar a los vigilantes que deben cumplir horario en las aceras. En vez de trozos de melón y piña, los vendedores de comida ambulantes ofrecen batatas asadas y semillas calientes. La única cosa que no cambia entre una y otra época es la presencia de la nube gris, salvo que, quizás, hace más juego con esta estación que con la que debería ofrecer un sol interminable y omnipresente.

Otoño es otro extremo, el mejor posible. Las primeras semanas de la estación son las mejores de todo el año, no hay duda. El cielo -no sé porque extraña razón- permanece limpio y azul hasta por 5 o 6 días seguidos. Es frío, cada día más frío, pero soportable y, lo más importante, respirable. La sensación en las noches, al mirar la ciudad desde la sala de casa, es que los vidrios se limpiaron y la panorámica ya no está más borrosa.

Todo es claro, nítido. Aún hay verdes y flores. La bicicleta es una forma de transporte todavía válida, y salir a la calle sigue siendo una buena idea.

Estamos en la etapa media de la estación, de paso atravesando un feriado nacional (traducción: personas de vacaciones visitando otras regiones) y la ciudad muestra su mejor cara. Temperatura media, cielo azul, calles vacías y niveles de ruido aceptables. La única característica negativa del otoño de Pekín es que se acaba.

Otoño para llevar

1 Nov

Nunca supe de estaciones, eso ya lo aclaré. Viví la mayor parte de mi vida en una ciudad donde la única temporada marcada es la del sol.

Todo entonces para mí es novedad. Los árboles cambiando de color y las hojas cayendo por doquier. Postal de todos lados, visible en cualquier recodo de esta inmensa capital. Cualquier recodo con algo de verde, la oración previa exige esta aclaratoria.

Aún así seguí la recomendación de la guía turística de Beijing y fui hasta al Parque de las Colinas Fragantes. Estando en las afueras de la urbe, a casi 30 kilómetros de distancia, es preciso cruzar íntegra la principal línea del Metro (poco más de una hora), y luego tomar un autobús o un taxi para rodar otros 25 minutos.

Una mínima vista del cambio de colores en las alejadas colinas fragantes u occidentales

Un sábado en la tarde, con el termómetro marcando 14 grados y el sol concediendo una panorámica dorada, era previsible que la idea del parque no era de lo más exclusiva y original. A media Beijing le pasó por la cabeza, así el taxi no pudo siquiera llegar a la entrada del lugar. Mientras caminaba colina arriba, un río de gente bajaba. Otro tanto iba en mi dirección.

La vía lucía como una feria citadina ordinaria y común, ventas de comida, ventas de tonterías, ventas y más ventas. Todo mundo parecía estar en su elemento, nadie discordaba con el ambiente tácito de disfrute sabatino.

La muchedumbre a las puertas del parque, y se me olvidó comentar que mi visita fue entradita la tarde! Imaginen la mañana

Una vez en las puertas, sorpresa! no había cola para comprar los ingresos. Cumplido el trámite, sellada la entrada, la regla tácita era clara: por el camino a la derecha todos descendían, a la izquierda, subían, entonces a por la izquierda.

Había visitado el parque en otra ocasión, pero la recomendación insistía en que el otoño es la mejor época para captar el esplendor de las colinas y de los árboles que van mutando desde el verde, hasta el amarillo, pasando por un ocre que comienza de peculiar forma a teñirse de malva.

Para mi pesar el otoño era tan cálido y nostálgico, que los visitantes locales no repararon en llevárselo para su casa. Las manadas se distribuían entre las caminerías formales y de tierra para posar, y de qué manera, junto a los árboles. Como para colocarse en papel, las y los modelos no sólo abrazaban los troncos o hacían paraditas tratando de pegar algún retrato con aires románticos y de antaño, sino que además arrancaban hojas y hasta ramas.

Una visitante arrancando su ramita para llevar

Otra muestra del otoño portátil

Una sonrisita para la cámara? Es justo reconocer que ésta fue una postal ecológica, ningún árbol fue maltratado durante la sesión

Cual sesión fotográfica para revista, no se trata sólo de un clic, sino de varios hasta lograr la postal perfecta, y en el proceso qué digo deshojaban la margarita, deshojaban las colinas, y cómo si fuera poco se llevaban todo como recuerdos para la casa. Otoño en cápsulas. Si bien que no era la mayoría, para fortuna del futuro del parque, un porcentaje considerable se despedía del sitio con souvenir en mano.

El recorrido por las, también llamadas, colinas occidentales (Xianshang Gongyuan, su nombre en pinyín) termina siendo más agradable en días de semana, cuando la multitud no acecha, y es posible caminar junto al lago o tomar el teleférico hasta el “Pico del Incienso” sin el incansable murmullo. Los más atléticos encontrarán en las escaleras hacia la cima una opción más atractiva, pero en cualquiera de los dos casos, la vista es un espectáculo empañado por la nube de contaminación. Hacia el otro lado la panorámica sólo brinda una hilera de chimeneas de termoeléctricas “escupiendo su vómito de humo”, como cantaba Sabina.

Beijing arropada por la nube gris de contaminación. Vista desde el Pico del Incienso

Y a la salida del paseo, de nuevo la marabunda. Como en Roma, hacer los que los romanos hicieren, con pinchos de cordero amenicé mi caminata de hora y media en medio del caos, las vendimias y las filas de autobuses y vehículos estacionados, atrapados y sin salida en el asfalto. Un sábado chinés!

El pasapalo de la jornada por excelencia: pinchos de cordero, a 1 kuái la pieza

Escultura hecha espontáneamente a base de palitos usados de pinchos. Piensen en el árbol que murió para dar vida a esta obra de arte

Una modalidad alterna para llevar el ocre a casa. A lo largo de la feria era común ver la venta de hojas enmarcadas y cubiertas por adhesivos protectores

Más otoño a la venta. Estos montajes fotográficos muy naturales y sutiles costaban apenas 25 kuáis a la salida del parque