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Para sentarse en Seúl

17 Dic

Una de las cosas que más llamó mi atención en Seúl es la cantidad de bancas que hay en las aceras en perfecto estado y con diversos diseños

Esta se encuentra a escasos metros del Palacio Gyeongbokgung

A la salida de la estación de metro City Hall

Camino al Museo de Arte de Seúl

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Cada miércoles en Seúl

5 Sep

Estas señoras se sientan frente a la Embajada de Japón en Seúl miércoles tras miércoles. Aunque aún viven 83, semanalmente sólo van entre 5 y 7 a la demostración

De las decenas de cosas recomendadas en Corea del Sur, llama la atención en la guía turística de Lonely Planet un aparte sobre las protestas semanales que realizan un grupo de, ahora, ancianas a las puertas de la Embajada de Japón exigiendo una disculpa oficial de Tokio.

Según la reseña, estas abuelas han ido cada miércoles del año desde 1992 pidiendo una indemnización moral: Ellas denuncian haber sido secuestradas y obligadas a realizar trabajos sexuales por y para los militares japoneses durante la ocupación de los nipones sobre Corea, específicamente entre 1932 y 1945.

Los datos de los portales de las, desde entonces, conocidas como “mujeres de confort” sostienen que unas 200 mil jóvenes fueron reclutadas y obligadas a permanecer en las llamadas casas de confort durante esos años. No llegan al centenar las que aún viven para contar la historia, apenas 83 siguen en pie de lucha agrega otro site oficial.

Aunque éste fue un miércoles lluvioso, tomé un taxi y llegué a las puertas de la Embajada japonesa para ver de qué se trataba el asunto. Confieso que fui con un tanto de escepticismo. Nací y crecí en un país que no cuenta la constancia entre sus virtudes, así que me parecía increíble que estas abuelas se mantuvieran semana tras semana inamovibles en su proclama.

Mas ni la guía estaba desactualizada, ni las mujeres se habían dado por vencidas. Allí estaban, con impermeables amarillos, siete de las víctimas y unos treinta acompañantes que se acercaron a colaborar y ofrecer su solidaridad.

A las 12 en punto comenzó la “demostración de los miércoles”. Sentadas una al lado de la otra, escucharon intervenciones de apoyo. Algunas, incluso, de japoneses quienes, a título personal o en representación de organizaciones de derechos humanos, acuden al encuentro para marcar distancia de la posición gubernamental sobre esta denuncia.

Hubo un poco de música, y hasta baile. Una de las señoras tomó el micrófono para increpar al gobierno de Corea del Sur a tener mayor determinación en la resolución de este drama.

Yo que de coreano no masco ni “hola” salí airosa gracias a la amable colaboración de una chica que me tradujo en inglés algunos extractos de la jornada. La chica estudiante de 18 años me comentó que iba cada miércoles de sus vacaciones para demostrar su apoyo a la causa de estas ancianas.

El pasado 29 de agosto se cumplieron 100 años de la ocupación japonesa sobre Corea. Con el tema vigente, a principios del mes pasado, Tokio ofreció sus disculpas, pero las mismas han sido consideradas insuficientes en aras de reparar el daño infligido a la población durante la invasión. Un claro ejemplo es que “las demostraciones de los miércoles” continúan tras esta disculpa.

Mientras alzaban consignas y ondeaban sus pancartas, las “mujeres de confort” regalaban algunas sonrisas a las cámaras de periodistas y curiosos que se acercaban al lugar. La lluvia no menguó nunca, aún así el encuentro se mantuvo durante una hora, tal como todas las semanas.

Del otro lado de la calle, las puertas de la Embajada de Japón permanecían resguardas por funcionarios policiales sin mayor nerviosismo. Después de todo, es evidente que algunos de esos chicos ni siquiera se habrían enrolado en los cuerpos de seguridad cuando estas protestas comenzaron 18 años atrás.

Dientes de dragón

2 Sep

Sé que resulta una soberana tontería, pero siempre he sentido debilidad por la gente que te deja con la sensación de haber hecho una buena compra, así haya sido el gasto más tonto en años.

Caminando por Insadong, una de las calles comerciales y más turísticas de Seúl, tropecé con estos chicos que atraían clientes gracias a un estribillo que a los extranjeros podía resultarnos incomprensible, pero suficientemente simpático.

Detrás de un mostrador, los tres vestidos de blanco, llamaban a cualquier transeúnte a punta de “Hello” o “Come here!”. El público mayoritariamente debía ser turista porque, luego de caminar unos metros, uno descubre que si bien la publicidad del negocio es original, la venta resulta una suerte de franquicia en estas callejuelas.

El espectáculo es el making of de unos dulces llamados “Dientes de Dragón”. La historia va cantada al mismísimo estilo de los Beastie Boys, pero lamentablemente yo me perdí toda la trama al no entender ni una pizca de coreano.

La hechura de los dulces resulta aún más atractiva que su artesanal musicalización: todo comienza con una pieza de miel, cuya dureza es probada golpeando las paredes y vidrios del mostrador. Luego de introducirla en almidón de maíz empieza la magia. Primero la agujerean al centro, después el aro es estirado hasta volverse una especie de collar. Más almidón de maíz y el collar se multiplica incesantemente en hebras más y más delgadas. Finalmente el chico termina con una madeja de hilos tan finos en sus manos que se asemejan a las telas de araña.

Ayudados por unos utensilios bifuncionales: pinza por un lado y cucharilla por el otro, colocan nueces en las vendas resultantes, y cierran a forma de grandes dientes, ciertamente podrían ser del tamaño de los que tendría un dragón.

Por supuesto que me fui riéndome a carcajadas y con mi caja de dientecitos. Sin embargo, confieso que por unos segundos me atrajo más el sistema de pago: la registradora no es más que una caja de acrílico en el mostrador manejada casi en exclusiva por los clientes, porque los chicos siempre tienen las manos llenas de almidón de maíz. El self service exige que la bandeja sea externa para que los compradores coloquen el dinero y tomen el vuelto, si fuera el caso.

Aunque no de mi autoría, les dejo un video porque, como dicen, hay imágenes que valen más que mil palabras. Ah! me refiero a la preparación del dulce, no a la posibilidad de tener el dinero de la venta al alcance de la gente.

Cuando de probar se trata…

24 Ago

Vereda de restaurantes en el mercado de Insadong

Continúo deslumbrada con el cielo azul y la organización de Seúl, pero la comida resulta un verdadero enigma. Durante dos días consecutivos he quedado con la sensación de no saber que ordeno para comer, y las sorpresas a veces son gratas, a veces.

La oferta de restaurantes es amplia, mas me está pareciendo que no lo es tanto la de comida en los menús. Por lo general veo pocas opciones para almuerzo o cena, y buena parte de ellas son realmente algo difícil de descifrar. Casi no consigo jugos o bebidas no alcohólicas en los restaurantes, pero de entrada los meseros colocan una botella de agua fría y los vasos para servirse. La primera cerveza que probé – Cass – no va nada mal.

En mi primer intento de almuerzo, terminé pidiendo a ciegas algo llamado “Family set”. No sabía muy bien de que iba, pero resultó un empate: mitad de los platos bueno, mitad malo.

A la segunda, muy decidida estaba por unos rollitos de cordero, pero mi voluntad fue mansamente doblegada por la mesera quien hizo toda clase de sugerencias incompresibles. Terminé aceptando y, nuevamente, otro empate. La carne sigue siendo un tiro al suelo, incluso en Corea del Sur.

La tercera fue la vencida. Esta vez no habría forma de cambiar de opinión o aceptar propuesta alguna: Costillas de carne al estilo coreano. La sorpresa resultó la más agradable de todas: carne molida perfectamente sazonada, haciendo las veces de costillitas, acompañadas con hongos y lechuga rizada. Todo con una salsa barbecue. Una maravilla pues.

El único detallazo es que yo no demoré en tomar la primera costilla con las manos, para enterarme luego que es de pésima educación acá, así que toca resolver todo con los palillos -que aquí son siempre de metal- y la cuchara, también de metal, que afortunadamente siempre está presente, y como ayuda!.

El desayuno buffet del hotel es, lo menos, una experiencia. Cualquier cantidad de cosas picantes reposan junto a bocadillos de salmón y de otros pescados. El tofu no falta a la cita, así como tampoco los vegetales y salsas para aderezar. Por suerte hay cereal, yogur, panquecas, huevos revueltos y un café, malazo él, pero el café siempre se agradece.

Kimchi: El respectivo platito de repollo aderezado con una de las salsas más picantes que en mi vida probé

El impelable de la comida coreana es el kimchi. Impelable porque está en todas las mesas, no porque yo lo esté recomendando. Es el aperitivo por excelencia, si no está ya servido se lo traen apenas se sienta. Repollo cocinado y aderezadísimo con una salsa picantísima, para paladares resistentes. Sólo el olor pica. Ya vi una versión con pepino también, pero es mucho más popular el repollo.

Al parecer esta especie de snack tiene propiedades digestivas, y voy notando que también funciona como un saborizante en platos más complejos. Yo lo probé, no lo niego, pero la única propiedad digestiva que le encontré es que, sin duda, podría desintegrarme la boca, la garganta y el estómago en dos segundos.