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Llaveros vivientes

5 May

Quién puede cargar un llavero así en la cartera?

Una salamandra atrapada en una bolsa plástica de no más de 3 por 5 centímetros, cerrada al vacío  y rellena con unos milímetros de agua colorada más algunas piedritas. La sostenía en sus manos una chica que, desdibujada por el foco, observaba el aprisionado animal. La imagen servía para ilustrar una de las notas de la versión en mandarín de hoy del diario local China Daily.

Asistida por la traducción simultánea de la computadora pude leer que además de salamandras, tortugas y peces eran vendidos en esta presentación para servir de llaveros. La salida de una estación de metro de Pekín servía como puesto de ventas, y de acuerdo al cable, los vendedores habrían dicho que previo al cierre hermético de la bolsita, colocaban alguna suerte de alimento para garantizar que el animal lograra vivir hasta seis meses, en los casos más afortunados. La breve nota también apuntaba que la imagen no era bien vista por los transeúntes quiénes podían comprar el particular llavero por 10 RMB (equivalente a unos 13,5 BsF).

Horas más tarde fui a la estación de metro para comprobar que sobre una pequeña caja de anime  una mujer exhibía una docena de piezas. Tortugas corriendo sobre el mismo sitio infructuosamente, al igual que las salamandras. Peces estáticos sin poder desplazarse ni medio centímetro por la obvia falta de espacio. Algunos llegaban y tomaban un llavero en sus manos, hacían alguna pregunta y se iban sin comprar. Al preguntarle a la vendedora como se podía alimentar el atrapado animal, ella respondió que bastaba con abrir el paquete y ya. Mas era evidente que la colorida presentación, pertrechada con un gancho, no era la nueva invención de los acuarios o tiendas de mascotas para despachar animales domésticos.

El precio para los locales era de 5 RMB mientras que a los extranjeros nos pedía 10 RMB. Cuánto tiempo puede sobrevivir uno de estos pequeños con tan poca cantidad de oxígeno? no tengo respuestas ni ideas aproximadas.

No es parte del imaginario occidental que los chinos no sienten esa misma relación de apego que los extranjeros por animales que se han vuelto parte de la vida doméstica. Menos de un mes atrás fue difundido el caso de la detención a manos de activistas de un camión en los suburbios de la capital con centenas de perros que iban a parar en menú de algún restaurante. Sin leyes a favor, los defensores de los animales tuvieron que pagar 17 mil dólares para comprar y poder salvar a los canes llevándolos a un centro de cuidado.

Ciertamente los pollos, vacas y peces que todos comemos no mueren de susto ni de la risa, ni son criados en confortables granjas. Pero nuestra enrevesada mentalidad occidental no concibe que animales ya harto domesticados corran semejante destino o sean torturados en aras de innovar con accesorios.

Tal como el caso de los canes rescatados, cuyo futuro aún es incierto, yo traje a casa a dos de las tortugas aprisionadas. Las ayudé, creo, pero no a las decenas de parientes que seguirán siendo encerrados en bolsitas con líquidos coloridos porque, no importa lo que después hiciera con ellos, el hecho puntual es que yo compré dos llaveros vivientes, y mientras haya demanda, habrá oferta.

Las tortugas de orejas rojas pueden vivir hasta 25 años o más según leí esta tarde. También leí que montones mueren cada año por cuidadores de mascotas descuidados. Espero que estos dos nuevos inquilinos de casa no se sumen a esa estadística

Cuando crees que no se puede poner peor…

7 Ago

Una vendedora teje pacientemente, rodeada de anguilas y tortugas en el mercado popular de Xidawang Lu

El concepto del café en la Beijing que voy conociendo no es sólo el de un producto de lujo. En Venezuela podrá estar dentro de la cesta básica de alimentos, pero aquí un marrón grande cuesta unos 35 bolívares fuertes, ya es caro, sin contar que en algunos sitios se puede almorzar por la mitad de ese precio.

También está mayormente concebido como algo de gran tamaño: grande es realmente grande. Si bien el expreso no falta en un menú, cuando de comprar tazas se trata, lo común es encontrarlas en dimensiones más parecidas a la de Nescafé de Plaza Venezuela.

A la caza de unas pequeñas tazas que sirvieran para tomar un negrito corto en la comodidad del hogar, fui a un mercado popular que me recomendaron y que funciona a cuatro cuadras de casa.

Un sinfín de tiendas al aire libre ofrece ropa, flores, vajillas, ollas, productos para la casa, alimentos para mascotas y, también, mascotas.

Ardillas estresadas dan vueltas frenéticamente en una jaula que no supera los 40 centímetros cuadrados, mientras que los vecinos del piso de abajo son un par de gatos que parecen inmunes a las altas temperaturas del verano chino.

Al lado, una decena de bandejas blancas, que hacen las veces de peceras, albergan una amplia gama de tortugas, anguilas, peces de cualquier tamaño y demás fauna acuática.

Las tortugas son frecuentemente elegidas para adornar los acuarios chinos

Los recipientes son tan estrechos que los animalitos brincan entre uno y otro, y algún infortunado cae en el asfalto caliente sin que el vendedor note el inútil intento de fuga.

Mientras pienso en la efímera y lastimera vida de estos chiquillos, entro al galpón techado del mercado. Sendos pasillos llenos de vidrieras se abren ante mis ojos, e inmediatamente recuerdo aquello de que cuando crees que algo no puede ponerse peor, se pone peor: Sí, estoy en la pescadería.

Decenas de peceras albergan toda clase de productos del mar para la venta

No cuesta mucho entender que los de afuera son privilegiados en comparación con estos, que de seguro deben implorar una muerte rápida. Aquí las anguilas también intentan fugarse, pero ¿quién va a notar que una entre 200 trata de huir?

Las tortugas no están simplemente tiradas como afuera, aquí son más prácticos, están atrapadas en unas redes. Los cangrejos, de todos tamaños y colores, tienen sus tenazas debidamente amarradas, a la espera –uno sobre el otro- de su comensal. Igual suerte corren las langostas.

La variedad contempla hasta langostas australianas

Los camarones y demás especies de menor tamaño permanecen amontonados, vivos, junto a peces que sobreviven en aguas turbias. Algunos, agonizantes, dan sus últimas bocanadas en el suelo, supongo que están contentos de finalmente cumplir el objetivo de su vida: Morir, aunque no en paz.

De compras en el supermercado

4 Ago

Aquí un ejemplar de la especie predilecta para sopas. Al tener el caparazón blando, todo su cuerpo es comestible

A mí nunca me gustó hacer mercado, me parece de las más aburridas tareas de la vida adulta. Sin embargo, la primera vez de compras en el supermercado en China resultó de todo, menos aburrida.

Al frente de casa hay un mercado pequeño y surtido con productos extranjeros, pero está dentro de uno de los centros comerciales más costosos que haya visto y un paraguas común y silvestre puede costar hasta 700 Bs., de los disque fuertes.

Con esto presente, el Walmart es la opción más atractiva. A tres cuadras de mi nueva residencia, la tienda por departamentos es un galpón inmenso, sólo la sección de golosinas es más grande que el Gama Express de San Bernardino donde solía hacer mis compras en Caracas.

Yo nunca pensé que podría extrañar la imprevisible escasez de alimentos de la Venezuela bolivariana, pero que difícil resulta comprar harina de trigo cuando hay unas 10 marcas con sus diversas presentaciones.

Ya se imaginarán la cantidad de arroz que hay, y ni hablar de los noodles, que son una suerte de espaguetis parecidos a los que utilizamos para la sopa de fideos. Acá es una comida muy pero muy popular, así que hay de todos tamaños y colores.

Es fácil conseguir leche, francesa, y a unos 20 bolívares el litro.  Mostaza y Ketchup también, pero la mayonesa como que no es tan solicitada: la única marca que consigo es Kewpie y la presentación es realmente asustadora… pero bueno, dice “mayonnaise” justo encima de un bebé gigante y con cresta.

En la sección de detergentes la cosa no es tan difícil: Hay Ariel, Soflán, Downy y otras marcas importadas, caras, pero importadas. Pronto descubro que llegó el momento de olvidarme de Always, la marca de toallas sanitarias que usé por 18 años: aquí el paquete cuesta unos 190 bolívares, de los fuertes, siendo impensable elijo, atendiendo a los muñequitos, una de las más de 20 opciones chinas en el área.

La carnicería es toda una particularidad. Llena de un sinfín de pedazos de carne de no sé cual animal, se vuelve un misterio desentrañable. Me decido por un tiro al piso: Pollo. Aunque el vendedor no entiende de “chicken”, con una aleteada bastó para que, tras una risa, señalara una estantería llena de bandejitas con el preciado pajarraco.

Para los seguidores del pato, es posible llevarlo a casa hasta cocinadito pues lo venden con todo y cabecita horneada en una bolsa donde el animalito sale hasta sonriendo. Yo, por supuesto, ni me le acerco.

No sé si venden carne de perro, pero ladrándole a una vendedora mantengo la esperanza de que me diga donde conseguir la comida de Bubú, y no a Bubú como comida. Estoy de suerte, siguiendo las señas llego al mundo Pedigree y Dog Chow. Los paquetes de perrarina y demás productos caninos están en la misma estantería usada para los artículos para parrilla, será lo mismo? perro y parrilla?

Sin reflexionar mucho sobre el tema topo con la pescadería, que en realidad parece un acuario venido a menos. Yo crecí en Maracaibo, donde no es aconsejable comprar pescado porque, o viene del Lago putrefacto, o es traído de más lejos, es decir, no está fresco. Acá la frescura no parece ser un problema. Camarones, cangrejos, langostas, unas serpientes que parecen mini anguilas y peces de buen tamaño están vivitos y coleando –literalmente- a la espera de su feliz comprador en las peceras del supermercado.

Lo que no sé es si frescura en este caso es sinónimo de saludable, puesto que algunos mueren o agonizan ante la mirada impávida de los vendedores, y permanecen allí, junto a los vivos sin mayores aspavientos.

Como si esto no fuera suficiente espectáculo, llego a la pecera de las tortugas. Sí, tortugas: a 99,50 bolívares de los fuertes el kilo. Según el intérprete debería comprar al menos una para una sopita porque están “muuuuuuy baratas”.

Son tortugas de caparazón blandas, “Pelodiscus sinensis”. Un sujeto las mira y como si de tomates se tratara, escoge su cena. El vendedor hasta juega un poco con la elegida para sacrificio, la toma para pesarla, la máquina emite la calcomanía con su precio, van al mostrador y zas! pone fin a su vida con un golpe certero.

Asimilando que es mejor cambiar la cara de horror continúo mi camino en busca de unas verduras. En la espera para pesar los tres tomates y la manito de cambures, veo el mini vivero. Algunas flores y bambúes comparten exhibición con unos pequeños pececitos y reptiles para acuario. Los infortunados están distribuidos a razón de uno por frasquito: tortugas, bailarinas, gupis y lagartijas no sólo vienen en esta asfixiante presentación, también se encuentran dentro de esferas transparentes que hacen las veces de llavero. Me dio terror pensar en la primera vez que al comprador se le caigan las llaves, por lo que retiré mis uvitas importadas de Chile y demás enseres y a la caja.

Aquí el proceso parece normal, sólo que no entiendo porque todo mundo me mira extraño al empacar cada cosa por separado en las bolsas de mercado. Cuando me facturan comprendo, cada bolsa se vende por separado, la mayoría de los clientes siempre carga un saco de tela, de papel o en su defecto el carrito que, por supuesto, yo también corrí a comprar.