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Cenicienta estudia como atrapar a su Prince Charming

24 Jul

El asunto con Cenicienta es que ella no buscaba un Príncipe Azul. Sí, está apesadumbrada por sus problemas con la malvada madrastra y las terribles hermanastras. Y, claro, cuándo se entera de la gala para las casaderas del pueblo también quiere sumarse a la fiesta. La magia se pone de su parte y en un santiamén esta face to face con el hombre que va a acabar con todos sus infortunios. Y cómo el Encantado es un Príncipe, hace de todo para encontrarla y casarse con ella apresurando un escueto “y fueron felices para siempre”.

La suerte de Cenicienta ha inspirado sueños en todos los rincones del mundo durante quién sabe cuánto tiempo. Con los años aprendemos que Santa, el Niño Jesús, Papá Noel o el mote de su preferencia, no existe y dejamos de esperar sus regalos en Navidad. Nos reímos de esa época, cuándo éramos capaces de creer que alguien entraba en nuestras casas a regalarnos cosas -y no a robarnos-, pero miles de mujeres durante décadas han continuado creyendo en un cuento de niños: La Cenicienta.

Muchas esperan ser descubiertas, y no por cualquiera, sino por el Prince Charming: ya saben, cabello Pantene, rubio, alto, fuerte, amoroso, con una estrella en el final de su sonrisa, y claro, Príncipe, bien Príncipe, casi Rey.

Si bien la original quería ir al baile para ser descubierta, nuestras contemporáneas Cenicientas postean anuncios, a falta de hada madrina hacen toda la magia por sí mismas, y en China incluso han dado un paso más, están comenzado a tomar clases sobre cómo encontrar a un hombre millonario, salir con él y, si todo se da bien, ser la esposa perfecta.

La semana pasada la agencia de noticias Xinhua reportó que la Escuela para Mujeres Huizhi, en Chengdú, al sur de China, ofrecía cursos para triunfar en el objetivo de atraer, cazar y casar a un ejemplar millonario.

Aulas de no más de 20 participantes tienen por norte explicar cómo se triunfa, no en el amor, y sí en el cálculo de un futuro pago. La nota no hablaba del currículo de las profesoras, definidas como “expertas en relaciones personales”, ni dónde o por quién obtuvieron tamaña credencial. Lo que sí mencionaba el artículo era que los cursos iban desde los 1.000 dólares hasta los 3.000, y que a pesar de los altos precios, la demanda seguía en alza.

Los redactores lanzaron las dos caras de la historia: por un lado la divorciada que en las clases entendió porque fracasó, y la soltera veintiañera que abandonó el taller por no estar de acuerdo en claves como “ignorar los affairs de un hombre rico” y “cambiar nuestra apariencia y gustos para complacerlos a ellos”.

Viendo los foros sociales sobre la vida pequinesa para extranjeros, no es de extrañar que estas escuelas estén proliferando en China. Sólo en una de las páginas transitadas por extranjeros en la ciudad, hay 117 anuncios de chicas buscando “rubios”, “sólo extranjeros”, “italianos”, “hombre perfecto para casarse”, “hombre para establecerse”, “Mr. Right”. También hay 136 de hombres extranjeros buscando “mujer para divertirme”, “compañía para este fin de semana”, “chica delgada y con mente abierta”, “una relación abierta”, “un matrimonio que dure por 1 o 2 años”.

Después de todo, parece que compaginar voluntades sí puede ser una misión que requiere clases, consejo profesional y una buena estrategia. Pero también, como decía el piropo, quizás sea hora de “buscar tu príncipe negro porque los azules se acabaron“.

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