Cerrado por derribo

18 Nov

Ésta fue la primera imagen que vi el 24 de octubre. Pensaran que está anocheciendo, pero eran las 8:30 de la mañana de aquél domingo. Día cancelado!

La visual de mi horizonte hoy a las 10 de la mañana. Ésta es la gráfica de uno de esos días que, según el AQI, respirar es "peligroso"

La misma panorámica pero durante una mañana de esos escasos días de nivel "verde". Como pueden ver, al fondo hay una línea de edificios que en las dos imágenes anteriores es imposible de apreciar (al igual que el cielo) por la neblina

Cuando decidí que brincaba los charcos entre mi país y China sólo sabía que éste era un lugar inmenso, antiguo y gris. Ya saben, la ignorancia es atrevida y anda a galope, para qué negarlo. Pero si lo ven con lupa, mi sabiduría pecaba en exceso de básica, mucho, mas no de desacertada. La cosa es que los tres adjetivos palidecían frente a la realidad, no alcanzan para describir la inmensidad, la antigüedad, ni la magnitud del gris que se apodera de la cotidianidad.

Podría decir que “la mayoría del tiempo” el cielo, el sol, la luna y hasta las estrellas están secuestrado por ese vaho incesante, sin embargo sabrán entender que mi cálculo es al ojo por ciento, desconozco la cantidad de días que transcurren en estas latitudes sin azul por techo.

Nací en la tierra del sol amado (o amada?), durante años me despertó una masa incandescente enorme, redonda, que estaba en el horizonte poco antes de las 7 de la mañana. Con este antecedente no es ilógico comprender la depresión que produce asomarse por la ventana a primera hora de la mañana para ver sólo neblina. Gris en la mañana, gris en la tarde, gris en la noche, es que hasta la oscuridad de la noche se ve empañada por el gris que sin darse cuenta se va haciendo rutinario, continuo, parte de la vida.

Pero no es la niebla que alguna vez nos asalta en algún paraje helado, no es la panorámica borrosa y nublada que producen los días de lluvia, y aquí viene lo que magnifica esa tonalidad grisácea, es contaminación. Es una masa de partículas contaminantes que de cerca parecieran densas y estáticas, en tanto que de lejos, la pesadilla que Stephen King narró en The Mist.

Me dirán que estoy descubriendo el agua tibia, pero cuando se pasa de la generalización sobre la consabida contaminación ambiental en estos lares, a puntualizar el nivel de polución que tragan nuestros pulmones aquí a diario, lo primero a decir es que “necesito aire, pero de verdad”.

Los gringos, que todo lo saben y si no lo inventan, divulgan a través de la cuenta de twitter BeijingAir, hora a hora, la calidad del aire que se respira en esta ciudad. El Índice de Calidad del Aire (AQI por sus siglas en inglés) de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA -no la ferretería- por sus siglas en inglés) establece seis categorías que van desde “bueno” hasta “peligroso” de respirar por sus consecuencias negativas a la salud.

La clasificación se hace atendiendo a un cálculo de las partículas contaminantes de menos de 2.5 milímetros de diámetro presentes en la atmósfera. Según los entendidos -estos panas que les menciono-, estas partículas son producto de los motores, quemas, procesos industriales y pare usted de contar, y son tan finas que se terminan colando en nuestros pulmones con claras intenciones desestabilizadoras -diría el Psuv.

El mecanismo explica -con tizas de colores, literalmente- la extensa gama tonal que puede alcanzar ese gris que veo en mi ventana. El AQI sostiene que de 0 a 50 el aire se considera “bueno” y está en el nivel verde. De 51 a 100 la cosa pinta para amarillo y se califica como “moderado”, lo que significa que sigue siendo aceptable, pero “los agentes contaminantes podrían afectar a un número pequeño de personas”. De 101 a 150, el tablero se torna naranja, y el aire se vuelve “insalubre para grupos sensibles” como niños o personas con enfermedades pulmonares. De 151 a 200 pasamos a rojo y el estadio “insalubre” a secas, o sea, la cosa va mal pa’ todo el mundo. De 201 a 300, el rojo muta a púrpura y a “muy insalubre”, entiéndase que corresponde una alerta de salud porque los ciudadanos “pueden experimentar efectos de salud más graves”. Pero hay más. Entre 300 y 500 estamos frente al color grana, al nivel “peligroso” y a una advertencia de condiciones de emergencia.

Mientras les escribo, el marcador sentencia que estamos en un grana tal como el de la sangre de los toros, entre 476 y 484. Mejor promedio que el de ayer que no salió de 500 porque no había un 501. Cierto que hay días de nivel verde, pero la media de esta gris capital oscila entre el rojo, el púrpura y el grana.

Desde que comenzó el otoño, hace poco más de un mes, los días han transcurrido más despejados. Durante varios días ha sido posible disfrutar de un azul brillante matizado por el sol que se planta después de las siete de la mañana. Pero la alerta grana ha vuelto a imponerse, recordando que pese a cualquier espejismo de claridad, la mayor de las veces el cielo pequinés está, como diría Sabina, cerrado por derribo.

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Una respuesta to “Cerrado por derribo”

Trackbacks/Pingbacks

  1. Crazy bad, o más allá del índice! « Aquí, en la China! - noviembre 19, 2010

    […] ayer escribía en el último post que el Índice de Calidad del Aire (AQI por sus siglas en inglés) de la Agencia de Protección […]

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